sábado

Que extraño momento para el arte, si al remover las manchas que cristalizan la existencia cotidiana en una sucesión de repeticiones tiene que proponerse como fracaso. Admite la dificultad para crear imágenes simbólicas que respondan a las encrucijadas contemporáneas, representándolas. Admite la dificultad de transformar la contradicción en paradoja y la dificultad de representar esta en imágenes que alcancen lo suficiente al simbolo, como para situar sobre él una interrogante. Admite la dificultad para configurar interrogantes que suspendan el peso plomizo de las repeticiones contemporáneas alumbrando -en la atemporalidad que lo constituye- la constancia de los problemas humanos que atraviesan los siglos.
Es un momento extraño para el arte. O quizá a mí me lo parezca puesto que no puedo tener la perspectiva suficiente sobre sus hechos. Quizá mi extrañeza sea precisamente la suya y no sea el arte el que atraviesa extraños momentos, sino yo: el sino de todos. En esta encrucijada que lleva mi nombre y sobre la que caen los juicios mas duros -los mios- no hay otra cosa que buscar una fuente de placer inagotable en una modulacion soportable diariamente. Placer hasta en el displacer, con una mediación transformativa para que eso que me gusta o no me gusta o aquello que no me explico o lo que puede dañarme, salga de mi cuerpo mezclado con sus experiencias, un poco plegado o disuelto en las palabras. Sale de mí lo que ya no me aprovecha pero que es el rastro de lo que vivo. Borges decía que su literatura era lo peor de sí mismo. La mismidad es la particualridad de cada visión, de cada percepción, de cada experiencia y estas son siempre periféricas. La unica mismidad es la particualridad misma.
La mismidad del arte fracasa en los muros en los que se estrella, en las imposibilidades que se propone, en las presuntas ruinas, escombros y desperdicios con los que se empeña en identificarse. Es la razonabilidad lo que encajona al arte en un razonar que le hace olvidar la profunda lógica a la que responde -la que lo despega y añade luz sobre sus circunstancias inmediatas, sobre el drama de su contemporaneidad. Es la razonabilidad la que lo empuja, encajonando las ideas en programas que se desarrollan hasta su agotamiento, usando la nostalgia despues. La particularidad en arte -y en cualquier asunto- no se alía con los discursos y por tanto tampoco se enfrenta a ellos. Es mas bien un resistir, resistir el persistente peso de una tendencia universal: la muerte. Resistirse a morir -para lo cual hay que admitir la mortalidad, para que la mortificación que este hecho produce en nuestra conciencia no nos tome demasiado desprevenidos- tiene muchas formas, igual existen muchas -varias, por lo menos- formas de muerte. Resistirse a morir solo tiene una representación: sembrar la vida de asuntos, porque lo mas parecido a estar muerto es estar inerte. El arte es pura rebeldía ante la muerte: es el hacer de quien sabe que no podrá burlarla y se burla de ella mientras vive.

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