martes

Esta Mujer

I

Erase una vez una mujer. Guapa, como cualquier mujer. Maravillosa, como cualquier mujer pueda serlo. Extraordinaria y única, como todas las mujeres. Hablo de mujeres, de una mujer y no de otra. Esta mujer tenía lo que era -asunto que es importante en esta vida- o algo así. Quiero decir que no andaba despistada por ahí, dando tumbos, sin saber qué o quien. Esta mujer habitaba el mundo que pisaban sus pies y el ideal de su libertad le hacía moverse…bastante…algo. Bueno, pues esta mujer tenía una infelicidad secreta, profunda y algo crónica. Un hechizo familiar hacía que sus éxitos no significaran a penas nada –nada de nada- para ella. Las felicitaciones no movían sus entrañas. Los halagos solían resbalarle por el cutis, como una lluvia. Sin embargo, si un avión sufría un accidente en las antípodas, se le ocurría que ella podía tener algo que ver en el desastre. Y sin exagerar tanto: si algo malo pasaba fuera de su cuerpo, tendía a pensar que seguramente, sería ella la que se encontraba mal o la que estaría haciendo algo mal… Bien explicado: esta mujer se hacía responsable de las faltas de los demás –vamos a decirlo así- y no podía hacerse responsable de sus propios éxitos. Pero ella no deseaba esta contradicción, esta inversión, este del revés…

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