martes

Esta Mujer

II

¿Quizá es que el amor sea una elaboración tan compleja que no mueve la entraña? No. Quizá es que hay amores que matan, cauterizan, congelan, suspenden. Quizá sea que hubiera halagos instrumentales: Te voy a decir lo bien que has hecho eso para decirte inmediatamente lo que quiero que hagas seguido, según mi capricho. Emparejo tu éxito con la demanda de mi capricho. Si me gusta, si te halago, si te quiero es porque satisfaces mis caprichos, porque los estás satisfaciendo, no por ti, separada de mí, desafío, afrenta, incomodidad voluptuosa llena de vida. Tu éxito lo es porque me complace a mí, no hay otra causa. Yo soy la causa de tu éxito. Piensas que eres libre mientras creas, jugando a inventar un mundo donde aislarte de mi omnipresente mirada y realmente lo que haces es seguir punto por punto los designios de mi capricho. Yo antecedo siempre a tu voluntad, filtrada en ella. No quiero pensar, producir callejones. Procuro abrir las puertas de los calabozos, de los chiqueros invisibles tras los que bufa la huella de la mala hora. También hay pesadillas diurnas. Para ti un grito, o una obscenidad, o un mimo atravesado –me arrepiento, soy una bruta- después de haberte hecho callar como a un adulto, después de haberte hecho hablar como a un adulto. Este monstruo no tiene pelos en la lengua, pero miente. Administraba sus halagos como premios, solo así, es cierto, como parte de un chantaje para amarrar mi voluntad a la suya. Pero esto no significa que ella fuera la causa de mis triunfos. Nunca ha sido tan poderosa, porque mi melena no la ha dejado serlo. Hay palabras infantiles muy privadas, palabras melenudas. ¡Menudas palabras! Y donde no hay palabras, hay patadas. Salí rebelde. Me podía el amor. El amor de la melena. Mi pelo, mis coletas importantes, las ensaimadas de telefonista que otra mujer me hizo sobre las orejas. Las risas de otras mujeres que no eras tú. Otras que siempre salían de casa con los labios pintados. Otras que cultivaban espacios para nada, sin rentabilidad, íntimos jardines donde merendar tranquila. Eso está muy bien, pero…y aquí ensarto mi collar de deudas. De pequeña mentía, mentía mucho, mentía más que tú. Mentía para defenderme, para enfundarme, enfrascarme, ofuscarme de ti, prendida en un ideal de amor que te trascendía. Amaba a otra mujer, porque tú no me hacías caso- como suele pasar- más que para quejarte. Es posible que amara ya entonces, a la mujer que yo quería ser.

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Archivo del blog