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El arte es algo que acompaña mi vida cotidiana desde hace muchos años. Es su condición necesaria: espacio para elaborar invenciones. Reivindico una obra de arte cotidiana y accesible, donde el artista amasa sus materiales en los territorios de la intimidad. Este es el espacio publico en el que expongo y promociono mis trabajos, pensamientos e invenciones.
He de confiar en los mecanismos de la creación -aplicarlos en, para todo. Hacer hueco al hazar, al encuentro, a la poética ó a la no coincidencia. Escuchar las palabras, los gestos, los dichos, las miradas... La indeterminación, la escisión, las bifurcacónes semánticas, el sentido de algo lógico se convierte en rutina en el caos del sentido razonable, que es la realidad. Siempre que hablo, para no acertar nunca en lo que digo. No hay remedio humano para esto, no hay remedio que remedie los remedios. Pienso que pinto lo que me es ajeno. Lo que se filtra por esa permeabilidad inconsciente, esa esponjosidad de los huesos del lenguaje. Está en mí pero es ajeno y me perturba, así que lo expulso: lo pinto. Esa es la digestión artística. No puedo habitar cada parte de este mecanismo por separado -porque es lo que me mantiene unida- y los lugares no pueden ser hablados. Pinto lo que me molesta, placenteramente, es una forma de extraer placer de la molestia. Volverla del revés, como si pudiera remediarla, remendarla, remedarla. Volver a lanzarla contra la pared de la realidad, con otro tono. Me separo radicalmente de los leones lanzándome a ellos. Hay que tener cierta confianza en los mecanismos de la creación para hacer esto. Lo que me molesta: esta interpretación contemporánea de la biología como una sobra, como pura casquería que hay que modelar, retorcer, mutilar, forzar, excitar, revolver, amputar, injertar, espiritualizar... |
¡Hola! Aquí tienes mis dibujos y otros trabajos, textos que recojo por ahí, cosas que se me ocurren, receptáculos para inquietudes, malestares y alegrías, trabajos que me gustan de otros admirables... sorpresas...