domingo

Esta Mujer

IV


De pequeña mentía, mentía mucho, mentía más que tú.
Tantas mentiras y esa mElena enmarañada que luego se recoge en moños y coletas eran las transformaciones de tantísimo enfado, potentísima carga destructora ¿Dónde se esconde el enfado? ¡Cuánto poder imaginado! ¡Cuánto poder imaginario! En la soledad de la infancia, eso es muy amenazante, mucho terror. Esa energía invertida, fué invertida en inversiones –aparentemente reversos- dirigida hacia inventar, construir y crear, un bálsamo semicalmante y protector, ante esos fantasmas inconscientes que provocan tanto miedo porque son portavoces de crímenes. Escuchar halagos y guardarlos dentro, puede suponer una amenaza... ¿Qué hacer con todo ello? Qué hacer con lo bueno, si imagino que soy capaz de destruirlo con este deseo tan fuerte, esta energía tan potente que desea tanto que parece que acabará destruyendo, asfixiando, aquello que toque y que además, venga ofrecido por Otro. Una bomba de relojería. Se puede contener ahí adentro, aquí adentro, aquello, esto...lo bueno y no asfixiarlo. Pero primero hay que cambiarlo de signo, otra vez. ¿Dónde se esconde el enfado?
Un abrazo. Queda una falta, un vacío necesario en ese espacio. Dos amantes se abrazan e intentan desafiar al vacío, a la falta. Uno aprieta más fuerte y ya no gusta, ahora daña. ¿Por qué tanto miedo? ¿Qué se está poniendo en juego?

(Este capítulo: Eider Amezua y Helena González)



V
¿Dónde se esconde el enfado? ¡Cuánto poder imaginado! Cuanto poder para domesticar a los portavoces de los crímenes, el susurro del hormiguero. Poner a las hormigas en fila india y verlas avanzar hacia su agujero. El orden de las hormigas es un orden lógico, alquitarado de mil factores, un efecto mayor que las hormigas mismas. El burbujeo de las hormigas, esa apelación sexual, eso que también es conmovido por el miedo cuando este aparece, instalándose en todos los orificios de mi cuerpo. Cagarse de miedo es más que una expresión poco elegante. Esa especie de seducción de la que el terror es capaz. El terror adulador es el que más coacciona. Tergiversa cualquier signo: Con un poco de azúcar esa píldora que os dan, la píldora que os dan pasará mejor. Si hay un poco de azúcar esa píldora que os dan satisfechos tomaréis. –la canción de Mary Poppins se vuelve siniestra en este paisaje. Un deseo ajeno al mío se ha filtrado en su lugar, quiere sustituirlo. El terror adulador paraliza de dentro hacia fuera creando la sensación de que yo misma lo produzco sin motivo –ligado a los orificios de mi cuerpo- como si fuera mi propia excreción. Para sobrevivir hay que cuadrarse y saludar al intruso: ¡Señor. Si. Señor! ¡Si, mi Amo y Señor! Tengo que cooperar con la maldad para salir ilesa. Tengo que protegerme, cumplir sus deseos, para que la cosa no vaya a peor. Identificarme con sus motivos, justificarlos. Ser leal a sus abusos. Interiorizar su tiranía. La niña escapó ocho años después de su secuestro. Sufría el Síndrome de Estocolmo. A pesar de los golpes esta mujer se niega a abandonar su casa. No quiere traicionarle, ni que alguien critique su fracaso matrimonial. Ella es la responsable, la culpa es suya porque ese es el hombre de mi vida, mi príncipe azul. Esta mujer es muy sufrida, puede aguantar cualquier cosa, puede sacrificarse por los demás. Abnegarse. El Tirano y su Víctima coexisten en ella, la gozan a su manera, sin advertir la enorme sombra que alumbra sus espaldas. Esa novedad que desarticula sus engranajes expulsando al intruso. La novedad que desarma los fantasmas. La novedad que siempre estuvo allí, profundamente enraizada, latente, preservada, comprimida, escondida, cohibida, reprimida, como un exceso, Interpretada como un sobrante, temida como a una monstruosidad invertida en pliegues, reversos e inversiones. Es la hora de destemplarme, destruir tanta concordancia, tanta moderación. No quiero evitar ese exceso, esta expresión, la salida, el éxito, la euforia, la fuerza para soportar el dolor y las adversidades, el ánimo propenso al optimismo, el deseo. Representar la euforia en mi cuerpo.

viernes


Esta Mujer

martes

Esta Mujer

II

¿Quizá es que el amor sea una elaboración tan compleja que no mueve la entraña? No. Quizá es que hay amores que matan, cauterizan, congelan, suspenden. Quizá sea que hubiera halagos instrumentales: Te voy a decir lo bien que has hecho eso para decirte inmediatamente lo que quiero que hagas seguido, según mi capricho. Emparejo tu éxito con la demanda de mi capricho. Si me gusta, si te halago, si te quiero es porque satisfaces mis caprichos, porque los estás satisfaciendo, no por ti, separada de mí, desafío, afrenta, incomodidad voluptuosa llena de vida. Tu éxito lo es porque me complace a mí, no hay otra causa. Yo soy la causa de tu éxito. Piensas que eres libre mientras creas, jugando a inventar un mundo donde aislarte de mi omnipresente mirada y realmente lo que haces es seguir punto por punto los designios de mi capricho. Yo antecedo siempre a tu voluntad, filtrada en ella. No quiero pensar, producir callejones. Procuro abrir las puertas de los calabozos, de los chiqueros invisibles tras los que bufa la huella de la mala hora. También hay pesadillas diurnas. Para ti un grito, o una obscenidad, o un mimo atravesado –me arrepiento, soy una bruta- después de haberte hecho callar como a un adulto, después de haberte hecho hablar como a un adulto. Este monstruo no tiene pelos en la lengua, pero miente. Administraba sus halagos como premios, solo así, es cierto, como parte de un chantaje para amarrar mi voluntad a la suya. Pero esto no significa que ella fuera la causa de mis triunfos. Nunca ha sido tan poderosa, porque mi melena no la ha dejado serlo. Hay palabras infantiles muy privadas, palabras melenudas. ¡Menudas palabras! Y donde no hay palabras, hay patadas. Salí rebelde. Me podía el amor. El amor de la melena. Mi pelo, mis coletas importantes, las ensaimadas de telefonista que otra mujer me hizo sobre las orejas. Las risas de otras mujeres que no eras tú. Otras que siempre salían de casa con los labios pintados. Otras que cultivaban espacios para nada, sin rentabilidad, íntimos jardines donde merendar tranquila. Eso está muy bien, pero…y aquí ensarto mi collar de deudas. De pequeña mentía, mentía mucho, mentía más que tú. Mentía para defenderme, para enfundarme, enfrascarme, ofuscarme de ti, prendida en un ideal de amor que te trascendía. Amaba a otra mujer, porque tú no me hacías caso- como suele pasar- más que para quejarte. Es posible que amara ya entonces, a la mujer que yo quería ser.

Esta Mujer

I

Erase una vez una mujer. Guapa, como cualquier mujer. Maravillosa, como cualquier mujer pueda serlo. Extraordinaria y única, como todas las mujeres. Hablo de mujeres, de una mujer y no de otra. Esta mujer tenía lo que era -asunto que es importante en esta vida- o algo así. Quiero decir que no andaba despistada por ahí, dando tumbos, sin saber qué o quien. Esta mujer habitaba el mundo que pisaban sus pies y el ideal de su libertad le hacía moverse…bastante…algo. Bueno, pues esta mujer tenía una infelicidad secreta, profunda y algo crónica. Un hechizo familiar hacía que sus éxitos no significaran a penas nada –nada de nada- para ella. Las felicitaciones no movían sus entrañas. Los halagos solían resbalarle por el cutis, como una lluvia. Sin embargo, si un avión sufría un accidente en las antípodas, se le ocurría que ella podía tener algo que ver en el desastre. Y sin exagerar tanto: si algo malo pasaba fuera de su cuerpo, tendía a pensar que seguramente, sería ella la que se encontraba mal o la que estaría haciendo algo mal… Bien explicado: esta mujer se hacía responsable de las faltas de los demás –vamos a decirlo así- y no podía hacerse responsable de sus propios éxitos. Pero ella no deseaba esta contradicción, esta inversión, este del revés…

jueves


Donde salta la explosion todo se desordena porque solo es estructura. No puedo cambiar las cosas de lugar, pero si puedo cambiar de lugar. He de esforzarme. Las heroinas desfilan buscando sus trajes de ballet.

miércoles



ORIENTADA PARA PERDERME

martes

Oseas

XXI

Oseas me pregunta qué es hacer el amor. Realmente ya lo sabemos, sin romanticismos. Dormir a tu lado ya es muy erótico y vivificante para mi –dice- ¿Soy yo el hombre de tu vida? ¿Cómo podré saber eso antes del final de mi vida? Ahora no puedo responder sí o no. Me planteo la clara ecuación del tiempo. Los rincones donde no hay transcurso son los importantes. Los rincones donde la espera constituye una ramificación de un lienzo en blanco, un espacio para dibujar esa novedad que tenía forma de regreso. Las llaves de los oscuros rincones del jardín. Para hablar de los recorridos del alma inventamos paisajes, escenarios, localizaciones. Necesitamos lugares, porque imaginamos tener geografías interiores. Ese imaginario que constituye la realidad, en la que suceden cosas tan abstractas como comprar el pan o las matemáticas. Esa es nuestra superficie: una cinta de Moebius. Entonces ¿qué es cualquier cosa? ¿Puede ser que cualquier cosa sea una reducción o un despliegue imaginario de algo que nos perturba? ¿Qué nos perturba tanto? Oseas comenzó a chupar mi pecho, de forma general e imaginaria: como la boca de un submarino u otras algas que laman y se enreden. Aquella agitación era simétrica a la ignición en algunas partes de mi cuerpo y los pulsos de estas particulares ondas sísmicas viajaban por mi piel. Entonces –entonces, con precisión- llegaron también los fantasmas. Primero vi entrar sus relucientes cabezas blancas. Resbalaban hacia el interior de la habitación deslizándose entre los velos de la oscuridad. Después fueron sombras las que entraban en tropel por el umbral de negrura. Advertí a Oseas: hay alguien más en la habitación. El terror no distraía a mi cuerpo de su excitación, música en la que Oseas bailaba hozando como un oso en un panal. El terror solo me despertó. Me desperté cuando las sombras avanzaban sobre los objetos plateados por la tiniebla. Cuando el fondo se espesó tanto que se convirtió en forma que se espesaba sobre todo el espacio del sueño. Me desperté antes de ser parte de un todo indefinido, cuya satisfacción consistía en devorarme en ese instante –entonces, con precisión. Me desperté asustada y abracé a Oseas que dormía junto a mí. Había alguien detrás de la puerta del dormitorio. El impulso de encender la luz fue tan brusco, que rompí el tirante del camisón. No había nadie tras la puerta. Los fantasmas y las sombras tardaron un buen rato en desvanecerse. Ese tiempo fue mayor que la duración del sueño. La duración del sueño fue mayor que sus minutos. La clara ecuación del cuerpo. La clara ecuación del tiempo. Lo que deseo es lo que se representa –con precisión simultánea- como lo que me hará desaparecer. Hoy ha llamado mi madre. Se lo explico en las geografía de mi posición tópica, sin palabras: lo nuestro es imposible, prefiero los amores parciales, rotos, indecisos, finitos, imperfectos, como Oseas.

lunes


Produzco menos azar del que me gustaria, asi que no tengo otro remedio que entregar mis cosas, mis asuntos, al azar. Yo misma a la casualidad, el caso fortuito, a la contingencia, a la eventualidad, el albur...

sábado

Estoy hecha un borrón. El misterio me acuna. Exit -o. El amor es una de las carnes imaginarias del ideal, ese amor que excava bajo las rompientes de la pasión. Quiero saber sobre las expresiones de mi propia crueldad porque no soporto pensar que podría parecerme -ni por un segundo- a esos imbéciles que la escupen como baba sin conciencia. Soy una extraña a la que admiro. El agua: un espejo bebible.
La ironía ha de entrenarse contra un muro meado, purificarse en la literatura y solo después dirigirse hacia el semejante. La ironía se burla y una burla escancia el alma humana separando la basura de la ambrosía, a la vez que entrega al ser humano su privilegio. La ironía debe ser esto, lo demás es crueldad. Admitamosló. Habitualmente no somos muy elegantes.
El interés de los sueños que ya no recuerdo está en la profundidad de la memoria, que no es una distancia ni un recorrido, mas bien un lago o algo que abre un cauce difícil y delicado. Una herida amable en el paisaje natural. Creo que observo el mundo desde el centro de esta fisura, pero en realidad lo invento. La fisura: el cauce para la conciencia. A veces me esfuerzo en cosas imposibles, como por ejemplo: imaginar como sería un vida sin conciencia. El bolígrafo -descendiente de la estilográfica- es un invento trascendental: permite escribir sin interrumpir el curso del pensamiento. Me pregunto si este avance estará presente en la biología de nuestro pensamiento, fuido como la tienta de un boligrafo Bic. Tonterias. A ratos escribir es mas importante que lo que escribo. Ver los lazos mágicos haciéndose y desaciéndose sobre el papel blanco. Intrincando, cambiando de tema, espirales, de configuración, de pulso. La conciencia sobre esos sueños que ya no recuerdo cava en la memoria. A veces, cada vez que me pongo un jersey, sale el sol.

viernes


Nudos (tinta sobre papel 33 x 39,5 cms.)

jueves

Y luego esta felicidad...

Esta fácil felicidad que alguien quiso encadenar con palabras... que ni es ignorante, ni es ingenua, ni es irresponsable, ni es añoranza de la infancia, aunque aparece representada en aquellas luces, y entonces parece como si algo volviera. Vuelve en imágenes de desenvuelta libertad de pensamiento, de dicho y de hecho, acompañada por grandes chorros de compasión. Aparece como un profundo lago de paz en movimiento, un río de curiosidad en acción. Aparece como un blanco -cada momento como una página en blanco en la que escribir, dibujar, emborronar... celebraciones, protestas...

la dificil investigacion clandestina, a todas luces.

miércoles


(tinta sobre papel 33x39,5cms.) con una falda dise�o Miiriam, por el jard�n de las cabezas ... desentendiendo los nudos...

sábado

Quiza pensar...

Quiza pensar es algo que se genera fuera del cuerpo y se parezca a una reacción química. Cuando pinto, cuando dibujo, tengo esa sensación: la invención ocurre frente a mis ojos. El alma es otra cosa. El alma, como el alma del vino, no esas almas con alitas que se espantan como pajaritos nerviosos. Otra alma volátil. El alma, la enjundia, la médula, el efecto inseparable de la naturaleza de las cosas vivas, cuya ausencia supone la muerte. El pensamiento es parte del alma, pero el alma cae mas lejos y mas hondo y mas obscuro. En ese alma no hay transcurso. Es un ir y volver constante cada minuto, experimentando el suceso de la vida. En las palabras, en la ropa de la lavadora, en la parada del autobus, en la pintura, en presencia de alguien más.

(tinta sobre papel 33x39'5cms)Pensar y escribir son ejercicios bien distintos. Me pregunto si pensar es un verbo sobre algo mas concreto que sobre una palabra que resume un gran grupo de acciones. Todos pensamos en voz baja. Lo pensamos pero no lo decimos. Se piensa y no se dice. �Es esto pensar? Quiza en pensamiento

viernes


(tinta sobre papel 33x39,5 cms)

miércoles


tinta sobre papel (39'5x33cms)

tinta sobre papel (39'5x33cms)

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