viernes

Barullos: el vellón de los días




Las llamaba marañas y ovillos. Son marañas de un solo hilo. Esas cosas que dibujo: como burruños de líneas, marañas, garabatos, arrebujos. Son marañas de un solo hilo, de una sola línea. Si tiro de la línea con cuidado, paciencia y cierta precisión, dibujo una figura, algo. Después, la línea del barullo, después de ser figura, puede recogerse en ovillo. Un ovillo redondito y ordenado. Mi abuela convertía las madejas en ovillos, antes de hacer punto. De la línea ovillada tiro y puedo hacer palabras. Este trabajo es largo, requiere sus fases, su tiempo. Tirar de la línea con cuidado, paciencia y cierta precisión, decididamente, en un tiempo sin dudas sobre la forma que invento. Se parece a bailar espontáneamente con una música desconocida cada vez. Sencillamente muevo el rotulador sobre el papel. Cada línea me sugiere la siguiente, sin más. A veces veo claramente una figura sobre el papel, como si mi mirada la proyectara allí. Estas son las veces más fáciles y las mejores porque entonces dibujar es sencillísimo: calco mi propia invención. Muchas otras veces solo la veo a terminar de dibujar. Generalmente da igual lo que me proponga: un dibujo con paisaje, solo una figura, varias figuras… Dibujo allí donde mi facilidad sortea algo que me es imposible dibujar: bien porque no sé resolverlo técnicamente en ese momento, o porque no me interesa, o porque no quiero ni mirar, o porque me distraería de la invención –si me pongo a dibujar algo que ya sé cómo va a ser, dibujar deja de ser divertido. Muchas veces hago punto bobo. Me divierte inventar. Inventar me pone, me coloca. Inventar es mi droga. Soy adicta a la invención. Dependiente de la invención. Inventar es madejar un barullo, ovillar la madeja, tejer y destejer con el ovillo… Y ¿el barullo inicial?, ¿lo anterior a la madeja? De pronto me he visto esquilando ovejas y he pensado que lo que hago es esquilar los días. Es el vellón de los días: un barullo de sensaciones, filtros, palabras, ideas, temperaturas, decisiones, autobuses, dinero, frases, alegrías, temperaturas, dolores, sabores, felicidades… O quizá algo incluso anterior a todo eso, más básico e inexplicable, es eso: el vellón de los días, ese barullo que hilo, madejo, tejo, ovillo, destejo, dibujo…

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