jueves

escribir...

Se me ha estropeado el Photoshop. No sé lo que le ha pasado, hace meses que el programa funciona mal y no puedo colgar imágenes de mis dibujos. Solo puedo escribir. Soy escribidora.
Una escribidora es una mujer que escribe cosas...sueltas. Muy sueltas. Como:
Tengo el estómago revuelto
Cuando tengo la regla tomo tantos antiinflamtorios que se me revuelve el estómago ¡Qué normal es tener reglas dolorosas, inhabilitantes! Es tan normal que la ginecóloga me recomendó tener un hijo. Una hija, y llamarla: Dolores.
Hay cosas tan normales... Es muy normal ser banal. Es normal. Parece que lo que es normal está bien. Deben ser sinónimos. Pienso que son primos. Prima una cosa o prima la otra. Son números primos. Primos hay muchos. Yo misma, soy prima de alguien. Banalidad ¡oh! banalidad, quemo mi incienso en tus altares. Hija de algún dios venial, vino a la Tierra con su saquito misterioso. Misterio, microbio. En misterio está en los bordes, siempre. El misterio es siempre tenebroso, aunque sea un misterio feliz. El mayor misterio es que no hay misterio. Multiplicidad, multiplicación, multiplisterio. Esto sí. Escribidora de multiplisterios. Me gusta. Intento hacer un relato de terror, verde. En mi historia, las caras de la gente que encierra mucha bilis, se me vuelve verde. Conozco seres humanos muy sonrientes, tan normales, correctos, amables hasta que se descubren rascosos o bolsos venenosos. Estoy en plena esploración íntima. A ver si descubro en qué oscuridad mi perplejidad datisface un no sé qué...oscuro, quizá crudo. Las bondades me conmueven. Esas cosas que pasan, esas que son un mimo de repente. Se me cae la bufanda en el metro y alguien me la recoge. Pierdo las llaves y alguien las encuentra. A la gente normal (¡Ay! ¿otra vez?) nos gusta ser atentos, pocamente, apocadamente, escasamente. El escaseo nos pilla por sorpresa, entre tanta abundancia... es comprensible. Una señora se tropieza y aprovechamos para tener un buen sentimiento. Parece que me cuesta descreerme el descrédito, es decir: tendencias hacia el cinismo envesado, en el envés, del revés. Es mi existir paradójico, mi pensar paradójico. La sincera franqueza también produce mentiras. Hijas de las migas de los aciertos bonacibles, esos que tienen consistencia de huesos de espuma marina solidificada. Eso me gusta. ¿Qué pasa con la ternura? ¿Con el cariño? Es curioso: cuando se dice la palabra odio todos entendemos que odio no hay más que uno. Sin embargo, no puedo decir amor sin embargar algo. Pienso que mi estilo de amor es de los buenos, al menos: de los que quieren ser de los mejores. Aunque desconfío. Seguramente esto es lo que lo hace amor. Ni del amor me fío...no, no es lo mismo desconfiar que no fiarse. ¡Oh! amor, tan cerca del deseo, tan cerca del estilo, en tus altares quemo mis inciensos. El amor sin semblantes, los semblantes del amor. Esos que me arranco una y otra vez. Esos que me visten de paciencia, de impaciencia, tierna, rebelde, dócil y abrupta escribidora. Mañana mas.

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