miércoles

En el día 29 de mi calendario particular, sobrevino la catanemia. Ayer. El número de días entre una y otra, se ha hecho mayor. Quizá por eso el malestar durante al menos una semana. No es que la homeopatía falle. Una forma de escapar a lo que parecía confusión mental o dificultades para desbrozar asuntos, es abandonarse a ello. Entonces comprendo que es un mito. El cuerpo impone sus condiciones inevitables. Solo cabe una posibilidad, como siempre: hacer del límite ventaja. Los pensamientos son otros, las opciones son otras, el dolor es el mismo, las posibilidades de distraerme de él se multiplican. Busco otras cosas que hacer, o un no hacer nada -la posición en la que el dolor se desvanece más es tumbada, bastante estirada- amable.
Los pensamientos son otros, las opciones son otras. El cuerpo cambia como los minutos. Mejor no aferrarse a ellos. No aferrarse a los estados, ni a los dolores, ni a las palabras, ni a las imágenes...


La vida es un bosque de lianas entre las que columpiarse.
"La Copa de la Luna" la he transformado en campana. La Campana de la Luna. Resulta muy cómoda y dá cuenta - mejor que otros objetos- de lo que mi cuerpo produce en estos días.

Hay muchas actitudes relativas a este suceso. Quien lo reivindica, quien sueña con deshacerse de él, quien lo desprecia... Biología. ¿Qué puedo hacer con ella?

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