sábado

Descubrimiento monsturoso

Mi iluminación de ayer: EL ANTIMONSTRUO SOY YO.

Así que no lo encontraba por ninguna parte. Claro. El papel es el registro de mis acciones, pero no es mi espejo. Algo me pareceré, pero no como una imagen especular. Mi apariencia se representa como un único conjunto. La superfície del espejo no es nada o es bien poco. Una exactitud automática. El dibujo es un pequeño exponente, una pequeña pista, un brote diminuto, un tallo incipiente... que señala la situación del gigantesco laboratorio experimental en el que dibujar -y todos sus aledaños- es la principal herramienta.
Todas las operaciones que se llevan a cabo dentro de este laboratorio que me constituye tienen una sola dirección: antimuerte. No me refiero a una evitación de ese suceso que es parte de la vida. Por las paredes inclinadas de mi conciencia y de mi inconciencia, todo resbala hacia un único cauce haciéndolo cada vez más profundo. Allí, en aquella profundidad oscura, en ese fondo que escapa a mi mirada, allí es donde ruge el ANTIMONSTRUO. Lo que dibujo es aquel a quien me dirijo. El destinatario es la garantía de circulación de mi trabajo (tiene sus impuestos que pagar)

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