jueves

Diario de lo que no se puede decir (28 enero 2010)

Cada día me despierto a un enigma.
Tener razón o no tenerla no es lo que me mantiene en pié.
Cada día me despierto en un enigma. Las rutinas me sujetan en la cotidianidad. Las rutinas, las repeticiones, el revestimiento que disfraza mi circunstancia de algo conocido. La proporción de vida conocida, y de luz, es infinitesimalmente pequeño en relación a lo que permanece oculto. Incógnita, misterio, secreto, salen de la oscuridad y de la sombra como las mariposas de sus crisálidas, con la naturalidad de la respiración.
Fascinada, empujada por las formas al borde de una palabra nueva.

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