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LAS TRIPAS (Texto escrito por Ricardo Padilla)


LAS TRIPAS

A la espera de lo que se decida sobre Las presidentas, en la cabeza se agolpan una multitud de sensaciones que no terminan de parar de girar y girar, como si de alguna forma se estuviese revolviendo un interior que sólo pretende explorar y trabajar con el teatro.

Por un lado hay buenas sensaciones, cierto valor de un trabajo que, pese a su dificultad, se construye hacia el exterior y da resultados interesantes. Una propuesta que emana de las tripas, pero también de la cabeza, en un intento de contar y trasladar un sentir y una reflexión al público.

Hablar del estómago no es fácil. Dependemos mucho de él y nos olvidamos de la cabeza y de pensar a veces en lo que está sucediendo realmente. De mirar, de escuchar. Eso, por desgracia, en nuestro mundo, llega mucho después.

Ya no tenemos hambre, esa necesidad básica que te vuelve un depredador por necesidad, un carnívoro que persigue sin tregua. Ahora es sólo apetito, pero un apetito voraz. Ambas cuestiones están en las tripas y de ahí se genera un todo que luego tiene que salir. Por eso elegí esta obra. Porque esas tres mujeres, representantes de muchas cuestiones que nos rodean diariamente, (religión, familia, política, sociedad del bienestar.,) hablan de su indigestión, de la mierda ajena y olvidan su propia defecación. Sacan las uñas, como si de unas vampiras se trataran, para atacar y demostrar así, que la envidia las invade, rabiosas de no haber conseguido sus anhelos y ver, en el fondo, que la otra tiene lo que ésta desea. Y generan entonces una defecación putrefacta sobre la otra. Eso es lo que más las importa en la vida, lo que les permite sobrevivir. Cagarse en el otro. Pero también es lo que las mata poco a poco, lo que las vuelve crueles y perversas.

La sensación positiva sobre el trabajo es esa reflexión. Ha sido un esfuerzo, un riesgo hablar a través de Erna, Grete y Mariedl, esos maravillosos personajes que Schwab escupe de una manera contundente. El trabajo es irregular en muchos sentidos porque partimos de un texto igualmente irregular y lleno de complejidad. Werner Schwab no sabía escribir teatro, eso para mí es evidente, pero sabía escribir y aportó en su momento todo un mundo lleno de matices, un universo en el que siempre descubres algo nuevo cuando lo recuperas.

Lo que me preocupa es que el trabajo se tache de malo. Bueno, a todo director le preocupa eso. No me importa manifestarlo así. Lo que quiero decir es que alguna Erna o alguna Grete o alguna Mariedl decidan sobre el futuro de esta propuesta y, si me apuro, sobre muchas otras propuestas que están arriesgando más allá de lo que otras están haciéndolo.

Y no hablo de esas propuestas que son verdaderas pajas mentales, hablo de aquellas que se dirigen al público, con el mayor respeto posible, porque es para quien se trabaja. Es el último eslabón de la cadena. El oficio se manifiesta así y no el ombligo.

El contacto se ha producido agradablemente. Ha sido un éxito porque ha funcionado con un público que se ha entretenido y ha disfrutado de un debate posterior. Una mayoría que ha agradecido encontrarse con Las presidentas. Con un mundo desdibujado y una puesta en
escena contundente.

A pesar de todo, siento una profunda desilusión cuando llegan hasta ti, y de primeras te dan consejos y te dicen cómo tienes que hacer las cosas, sin saber de dónde vienes ni lo que has hecho, sin preguntar y escuchar el porqué de algunas decisiones sobre el trabajo. Hay mucho“botarate” suelto. Hay muchos Ernas, muchos Gretes y muchos Mariedls decidiendo sobre el porvenir…
Para mí ha sido un placer y un sufrimiento. Un todo. Una soledad muy grande. No os lo podéis imaginar.

Es un camino difícil, de eso entendemos los que hacemos teatro, los que lo fabricamos con los medios que nos toca. Lo bueno, es que tengo unos cayos duros y grandes, y hasta una herniaenorme en la espalda que se sumó en el proceso. Pero también paciencia y decisión. Y si no es ahora, ni mañana, lo será al día siguiente. Estoy decidido porque me encanta el teatro, es útil y yo ya me he comprometido.

Así que, a qué estamos, qué procesos nos interesan, qué queremos con el teatro, cuál es el objetivo de todo esto. Hasta dónde estamos dispuestos a hablar.

Hay un error absoluto en el ambiente. Nos estamos equivocando. Creemos que divertir y entretener es lo mismo, pero no es así. Uno pertenece a las tripas y otro a la cabeza.

¿Queremos entretener o divertir? Pensemos un poco sobre ello, por favor. Es importante, es importante.

Ricardo Padilla, productor y director teatral.

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