sábado

los segundos de mostruosa maldad...

Mientras voy terminando los libritos aparecen nuevos experimentos.


Los garabatos apelmazados, las marañas incontroladas tienen que ver con la oscuridad del cuerpo. Cuando las líneas se madejan en palabras o en formas de cuerpo es porque la contingencia de sistemas de sistemas vivos constituye un sistema mayor en el que se formalizan sus efectos: Una forma viva que parece disfrutar de sus avatares. Esta forma explora sus vicisitudes, se maravilla ante sus posibilidades, disfruta sus cambios... Representa un ser humano fundamentalmente libre, sabedor de que esa libertad (la feliz circulación de su deseo) es necesariamente empujada a su representación en todos los ámbitos de la vida en sociedad. He aquí las dificultades.
Sin embargo, lejos de los caminos de la vida, habitan estas intenciones que a mí se me hacen monstruos malos (que los hay buenos: esos que advierten y te asustan antes de que llegues al verdadero peligro que no son ellos- esos monstruos apotropaicos). Monstruosidad contraria a la naturaleza -que empuja la vida hacia adelante, hasta hacerla explotar y morir. Monstruosidad contraria a la naturaleza de todas las cosas, empuje extraño hacia una muerte que no pasa por la vida, que la esquiva para alimentar y gestar una obscuridad inerte. Monstruosidad fea, estructura que se construye llevando la contraria a la vida, causando daño. Monstruosidad perversa que corrompe los núcleos de la vida, los secuestra para su gusto y los digiere transformándolos en inercia, desidia y muerte.
Sospecho que no hay nada más humano que estas monstruosidades, porque lo demás es un sí de vivir que abre cauce en la cotidianidad. Secuestrar vida y destilar inercia no lo hace ningún otro sistema vivo, solo el ser humano. Periódicamente se me aparece este peso moral: debería yo representar esta monstruosidad, abiertamente, frente a frente con la vida y con esos apotropaicos que nos acompañan... Periódicamente paso de largo de esta idea porque las figuras que veo ante mis ojos, los dibujos que representan a mi modo estas perversas monstruosidades me resultan tan perturbadores que el en el cuerpo se me pone mala gana (se me revuelve el estómago). Hoy toda esta reflexión ha vuelto a aparecer. He puesto a hablar a unos personajes con otros...Ignoraré estas arcadas que siento, les daré tiempo, dibujaré más...


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