martes

…para una sociedad del decrecimiento, como para Oscar Wilde, <<¡todo arte es inútil y, por tanto, esencial!>>

Esta es la última frase (pg. 130) del libro escrito por Serge Latouche: “Pequeño tratado de decrecimiento sereno”.
Unas líneas mas arriba, opone el papel social del artista al de la banalización mercantil…

En otras palabras, el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados para lograr algo que es total y absolutamente inútil. (Paul Auster)
(Texto publicado en:
http://www.documentalistaenredado.net/439/paul-auster-el-arte-es-inutil/)

domingo

Estoy dando vueltas enmedio de un huracán de ideas.

No sé si es que no quiero producir objetos económicos, o quiero -mas bien- que sean objetos económicos si por económico entiendo que forme parte de un patrimonio común en cuyo flujo puedo encontrar otras aportaciones...lo que se llama "cultura".

En un mercantilismo centrado en el bienestar humano, donde el valor de los objetos económicos se fundamenta en su capacidad para mejorar la vida (la vida social, la vida subjetiva...) el arte se hace inmediatamente visible en sus cimientos, los de la vida humana.

Me rebelo contra este mercantilismo que solo valora, percibe y exige objetos apropiables, monetarizables y productibles. A ese no pienso entregarle nada.

jueves

soy una funambulista sordociega
que como un pajarito en un cable,
canto al pulso del paso que piso

sábado

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Cargado originalmente por Helena Gonzalez-Saez
Este es mi último librito. Muy pequeño: 11 x 7 cms.
Creo que me estoy acercando a la relación entre dibujo/palabra/imagen que estoy buscando. Al menos sé que es eso lo que estoy buscando.
Hay fragmentos de pruebas de grabado (aguafuerte...) mezclados con dibujos, caligrafía...
Y este poema o mensaje poético... "sus tripas/desiertas/su corazón/ estribado/ su boca/ fría/ sus manos/ en garrote/ sus ojos/ como guissantes/ de la ley/ y todavía/ y aún así/ quiere darme/ lecciones de algo."
Esta página me gusta especialmente. La relación entre el poema, la caligrafía y el dibujo... Entre los tres elementos crean una escena imaginaria que es la que quiero. Son fragmentos complejos. Firmo Theo habla de fragmentos perceptivos, escenas reconstruibles. Creo que él se refiere a la realidad cotidiana. Esto es algo así, pero la sensación se parece a la de leer novelas o poesía. Cuando reocnstruyo, imagino las escenas, invento con las pistas del autor... Cojo mi cotidianidad y la sumerjo hasta que consigo ahogar lo que de ella me molesta o me duele. Ese cadáver es lo que busco.

viernes

Un poco invadida por la realidad...



No es fácil estudiar, bucear en el discurso y extraer frases, imágenes, ideas...

Tengo que ir a buscar en las ideas de otros, y están allí, sumergidas en la cultura.

Bucear allí es entretenido, esforzado. He de vigilar los bares de la botella, para no quedar sin aire, para no ahogarme. A la vuelta de la inmersión, burbujas de realidad circulan por mi sistema. Ahora, poco a poco, salen de mi cuerpo: son desalojadas por mis propias creaciones.

martes

Arte, humanización y amor.

(Ponencia que leí en el Congreso de la Asociación Mundial de Psiquiatría realizado este año en Barcelona -30,31 oct. 1 nov.- con el tema: "Migración, salud mental y transculturalidad en el siglo XXI". Presenté el Taller del Arte del que soy responsable en la asociación Zubietxe http://www.zubietxe.org/ quienes me escogieron para representarles en este Congreso. Me siento agradecida y honrada por esta oportunidad).
Con mis palabras hoy quiero poner en común tres ideas: arte, humanización y amor.

Estos tres ingredientes son los que se manifiestan en nuestro Taller todos los días. Cito textualmente a estos artistas: “Aquí, es el único sitio donde me he sentido libre” “Me gusta venir aquí, mi pensamiento descansa”. “Pensaba que no podía dibujar, pintar…y sí es verdad que hago cosas, cuento historias”

Contamos historias.
Todos somos responsables de esta realidad que construimos. Pronuncio estas palabras desde el lugar del arte, este lugar de oposición y de resistencia a las inercias culturales contemporáneas. Mortíferas inercias que añaden cautiverio a la pérdida de libertad que la enfermedad mental supone. Inercias que tienden a acorralar al sujeto fiscalizando cada uno de sus hechos. A veces hasta hacernos enfermar, a veces hasta la muerte.

Muchos de los hechos humanos se dan dentro de una dimensión simbólica.
La deriva filogenética de la comunidad de seres y sistemas que nos soportan, y la morfogénesis de nuestra biografía como especie, se encontraron en una complejísima y maravillosa contingencia llamada ser humano. En este azar sin destino nuestra especie construyó una forma adaptativa prodigiosa: lo simbólico. Millones de años de pliegues y repliegues biológicos, millones de años de operaciones formales, de experiencia y
cognición dieron como fruto una forma consciente de sí misma. Una forma que se reconoce en el espejo y se llama por su nombre cuando su imagen está ausente. Una forma que empuja su conciencia y se figura fuera de sí: en la huella de su mano sobre la pared de la caverna, sobre le papel, sobre el lienzo, en el ritmo, en la música, en el poema… de mil maneras. Una forma, llamada ser humano, capaz de trabajar en la forma, es decir: capaz de hacer arte. Digo todo esto para insistir en que el arte es mucho más que una construcción o consecuencia cultural.

El arte es un hecho cultural particular que precede a todas las culturas y que está presente en todas ellas: las funda.
El arte –como el sujeto- es transcultural. Un comportamiento y una producción que nos empujan aún más allá de la biología, demostrando que nuestra imaginación y pensamiento, están encardinados en la profunda y oscura opacidad de nuestros cuerpos, tomados de uno en uno.
El arte es universal porque emerge de aquello radicalmente particular que necesita vincularse a su semejante, ese otro que nos constituye, transitando por circuitos comunes a los de la cooperación, la mutualidad, el reconocimiento subjetivo, el deseo… el amor: “Lo siento como un esfuerzo compartido” –reflexiona una mujer en el Taller.

Circula el arte también desbordando constantemente el lenguaje: “Algo había dentro de mí que ahora está en la pintura y, aunque no pueda traducirlo a palabras, puedo reconocerlo”- dice otra persona.

Es un acto de amor cotidiano en nuestro Taller, aquel que consiste en trabajar en la forma construyendo esa respuesta que cada sujeto inventa ante la interrogación que su circunstancia particular le produce.
Ofrecemos un espacio vacío de expectativas educativas y/o terapéuticas, un lugar tranquilo donde solo esperamos aquello que el sujeto trae consigo y quiere darnos a ver, a saber.
Ofrecemos un espacio vacío, no para ser llenado de contenidos, sino como oportunidad para poner en juego el deseo, lo más vivificante del sujeto, lo que le vincula a la vida.
Frases como “No sé lo que estoy haciendo, pero me gusta” Ponen de manifiesto esa importante variable asociada a la forma y a lo formal que es el placer. Otras frases como “El arte es mover los colores hasta que sale la verdad”, arrojan luz sobre la fuerza del empuje identificatorio en los procesos artísticos.

Siempre sucede que ese deseo arrastra consigo asuntos que son en mayor o menor medida mortíferos. El pensamiento simbólico y el arte son la herramienta adaptativa fundamental, así que por su naturaleza acompañan al sujeto en el esfuerzo de reelaborar lo necesario para sostenerse en su nueva circunstancia.
A la inercia del statu quo le conviene un amaestramiento del sujeto. El Taller de Arte se presta a ser un apoyo en la adaptación a la vida, una ganancia de libertad para quienes puedan aprovecharse.

Nuestro Taller de Arte es un espacio vacío, para la creación libre, pero asistido por un artista que conoce bien su oficio. Es un laboratorio para el experimento, donde el sujeto es libre para el escrutinio particular de sensaciones y significados, es mucho más que un espacio para la expresión o para la elaboración consciente de cuestiones imaginarias. Se trata de un lugar donde pueden entrañarse cambios y giros importantes para el sujeto, a su ritmo sin exigencias exteriores a ese tiempo subjetivo. A medida de lo que el sujeto puede tolerar en cada momento.

Estas experiencias pueden ser vividas como terapéuticas en el sentido de que pueden aportar puntos de referencia, hallazgos, anclajes, enigmas, novedades para construir soluciones subjetivas o sencillamente: procurar momentos en los que se establece una distancia con el dolor, que no es poco. Pero queda claro que los mecanismos y dispositivos de la creación artística nada tienen que ver con los de las psicoterapias, aunque, como en el caso de las psicoterapias, estas experiencias tengan también efectos subjetivos importantes.

Estamos convencidas de que en esta contemporaneidad en la que los lugares para el sujeto parecen restringirse cada vez más, es imprescindible apoyar este “tour de force” que empuja al ser humano a aliarse a las conquistas de su propia naturaleza: la mutualidad, la cooperación, la particularidad, la imaginación, la empatía, la construcción simbólica, la creación de vínculos, el arte…

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