domingo

Arte, objeto, austeridad, consumo, decrecimiento, producción, productointeriorbruto, restas, sumas… (Parte I).

Hace unas semanas que leo y veo videos, converso, discuto, voy a conferencias, talleres y actividades que tienen que ver con el “decrecimiento” Y ¿qué es esto? Una palabra paraguas que aloja muchas voluntades particulares y muchas ideas en torno a estas que cito y que me parecen claves fundamentales: podemos vivir con menos; podemos vivir sin expoliar recursos naturales; podemos vivir sin esclavizar a otros seres humanos; podemos vivir a favor de nuestra particularidad subjetiva; el motor de las relaciones humanas es el amor (eso que ni inquieta ni duele: la mutualidad, la cooperación; el cuidado…); podemos vivir una sociedad más amable… He escogido estas porque son las que resuenan en mí con mayor antigüedad. Son estas ideas que he cultivado cuidadosamente a lo largo de mi vida, en los peores momentos, a pesar de todo. El combustible último, parte de aquello que se evapora desde donde esté la mayor oscuridad de mi humanidad, haciendo figuras. Figuras amables en las que me concentraba en el esfuerzo de traerlas a mi realidad cotidiana. Pero se esfumaban como figuras de humo, destruidas por Otro demoledor que yo misma construía. Miles de veces, millones de veces, tantas veces que parece ser solo una trágica vez que se repite, como una sima que se abriera bajo mis pies, me he encontrado llorando de rabia, invadida por una realidad cuya hostilidad calaba más que sus bondades. Tantas veces me he estrellado contra ese muro “así son las cosas” para traspasarlo, tantas veces he maldecido la poesía y el arte porque en mi realidad inmediata parecía ser impermeable a ello devolviéndome aquello de que “eso es un pasatiempo, algo superfluo, un lujo prescindible…” Sostenida por el barrunto de aquellas figuras amables reforzadas por la ética que el arte me prestaba y asistida por el psicoanálisis, hice un gran descubrimiento: era aquel Otro demoledor lo que era de un inestable humo. Hace tiempo que sé que aquellos comentarios que banalizaban mis ideas, mis aficiones, mis barruntos son consecuencia de la ignorancia, de la ingenuidad. Una monumental ingenuidad que se tiene por sabia.
Hace falta ser muy ingenuo/a para creer que la felicidad la vamos a encontrar en un trabajo fijo, en los metros cuadrados de un chalet, en la cilindrada de un 4x4 de lujo, en una hipoteca millonaria. Hace falta ser muy ingenua/o para creer que la felicidad existe tras un proceso de interminables satisfacciones que sacian necesidades que no tenemos. Hay que ser ingenua/o para pensar que la felicidad vendrá en la experiencia de un goce abusivo (ab-uso), que se da sin límites. Hay que ser muy ingenuo/a e ignorante de la vida humana, para pensar… Hay que ser muy ignorante, ingenuo/a … para gastar y gastar y gastar y gastar… y desentenderse del origen y de las consecuencias de todo ello.
Tengo por bien decir –y creo que me lo debo- que nunca he sido tan ignorante ni tan ingenua, aunque he sido calificada así por quienes sí lo eran y lo siguen siendo.
De un tiempo a esta parte encuentro más y mas personas, ideas, escritos… que positivamente piensan que es posible vivir con menos, que lo que puede regalarnos momentos de felicidad siempre tendrá que ver con unas relaciones humanas basadas en aquello que en el ser humano le empuja a aliarse a las conquistas de su propia naturaleza: la mutualidad, la cooperación, la particularidad, la imaginación, la empatía, la construcción simbólica, la creación de vínculos, el arte…



Tengo también por bien decir –también me lo merezco- que mi trabajo - ahonda y abunda en estas ideas. De esto estoy muy orgullosa y contenta de mi elección porque en este camino estoy encontrando personas admirables por cuya existencia en este mundo debemos todos felicitarnos y agradecer. Y todas ellas, de una u otra forma piensan que: podemos vivir con menos; podemos vivir sin expoliar recursos naturales; podemos vivir sin esclavizar a otros seres humanos; podemos vivir a favor de nuestra particularidad subjetiva; el motor de las relaciones humanas es el amor, eso que ni inquieta ni duele: la mutualidad, la cooperación, el cuidado…; podemos vivir una sociedad más amable…
Así que esto del “decrecimiento” no me parece una novedad, ni un invento. Lo que sí que es una novedad –al menos para mí- es encontrar tanta gente organizada que ya está con las manos en la masa.

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Archivo del blog