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¿Por qué el arte?

Este es el texto que preparé para una ponencia en la que presentaba la creación artística como una "buena práctica" en el contexto de la intervención social....
(Fundación Argia, II Jornadas técnicas: “Buenas prácticas de inserción social con personas con enfermedad mental grave”) Para mi no hay contextos diferenciados.
El tema es extensísimo, muy interesante y lleno de subtemas en los que profundizar... ¡Apasionante!

ABRIR ESPACIOS PARA EL ARTE

La buena práctica que vengo a presentarles es un taller de arte. Lo que ocurre dentro de él (la buena práctica en su interior, en la intimidad del taller) y las consecuencias que tiene para una institución –en este caso Zubietxe http://www.zubietxe.org/- el contar con un taller de arte



El indicador mas claro de que es una buena práctica es el testimonio de sus beneficiarios. ¿Qué dicen las personas que participan en el taller?
“Me encanta venir al taller, venir al taller me dá la vida, me gusta mucho dibujar, lo que más me gusta es el color…” “Aquí, es el único sitio donde me he sentido libre”. “Pensaba que no podía dibujar, pintar…y sí es verdad que hago cosas. “Me gusta venir aquí, mi pensamiento descansa”
¿Qué dicen del taller los miembros del equipo? “cada vez que bajo me dan ganas de quedarme allí”, “me parece alucinante que Pepe (un nombre imaginario) haga estas cosas”, “me dais muchísima envidia”, “María solo viene al centro de día los días que hay taller”, “va a venir un chico nuevo y hemos pensado que pase primero por el taller”, “vendrá una mujer de la que no sabemos nada ¿podría estar una temporada en el taller, a ver como resulta…”?

El taller es un lugar de acogida, donde casi todo el mundo se encuentra bien. En este tiempo trabajando en Zubietxe y en otras instituciones, los casos de personas que no han soportado estar en el taller de arte y/o que no han querido venir son escasos.

¿Por qué la gente está así de a gusto en este taller?
Para responder a esto hay que tener en cuenta dos factores. Por un lado la actividad misma: la creación artística. Por otro lado el modo, el estilo con el que esta actividad es facilitada.

Empecemos hablando de la actividad: la creación artística. Para esto necesitamos hacer un pequeño esfuerzo previo. Necesitamos olvidar lo que sabemos del arte: olvidemos los museos, olvidemos las galerias, olvidemos las subastas y las ventas millonarias…los críticos, las polémicas… Dejemos todo esto de lado. Ahora todo esto no nos interesa. Solo nos interesa saber por qué hay personas que estamos tan a gusto dibujando, pintando y creando imágenes frente a nuestros ojos, en compañía de otros en un taller lleno de dibujos, pinturas y colores. Y nos interesa saber si podemos dar una respuesta sencilla pero algo más allá de “porque nos gusta”.

¿Por qué nos gusta dibujar y pintar?

Desde el punto de vista de la antropología, el arte es intrínsecamente humano, el empuje hacia la creación artística es un comportamiento humano. Como ingrediente innato es anterior a la cultura. Es gracias a nuestra capacidad para crear imágenes frente a nuestros ojos, gracias a nuestra capacidad para lo imaginario y para lo simbólico, que tenemos cultura. Como es un comportamiento humano, lo encontramos en todas las sociedades, incluidas aquellas que no tienen palabra ni concepto “arte”.

Desde el punto de la etología, la creación imaginaria y la capacidad simbólica terminan de gestarse en la relación de intimidad que el bebé mantiene con su madre o persona cuidadora durante su primer año de vida. En el regazo interiorizamos formas faciales, ritmos, tonos de voz… que van constituyendo un conjunto de formas y códigos formales mediante los que nos comunicamos y también transmitimos asuntos demasiado complejos para las palabras.

La psicología nos enseña como el niño dibuja espontáneamente y por gusto. No necesita ser premiado para dibujar, rayar, garabatear. También nos advierte de que el niño que no dibuja, el que no puede dibujar quizá sufra un trastorno grave para el pensamiento simbólico y para el pensamiento imaginario.

Una perspectiva cognitiva muestra que la creación artística en sus fases iniciales comparte muchos aspectos con la investigación científica. Nos explica como la experiencia y la cognición son la misma cosa y el arte es una fuente inagotable de experiencias novedosas. Nos informa de que el arte integra actividades diversas: emocionales, perceptivas y conceptuales, y las articula de un modo sinestésico, a la manera en la que la inteligencia humana se vincula al mundo real.

Las modernas neurociencias y la tecnología que se ha desarrollado asociada a estas investigaciones, nos revela muchos datos nuevos e interesantísimos. Nos habla sobre la importancia de la forma en nuestra percepción y por consiguiente la importancia de la imagen. Descubre como es el neocórtex de nuestro cerebro quien se complace siendo testigo de nuestras capacidades neurológicas y convierte esta reflexividad en capacidad adaptativa. Podemos decir algo así como que mientras dibujamos nuestro cerebro está encantado de conocerse.
Las nuevas tecnologías nos muestran cómo es la actividad de nuestro cerebro y qué le pasa a nuestro cuerpo mientras hacemos música, mientras dibujamos y pintamos. Podemos ver por poner un solo ejemplo, cuanto se parece lo que le pasa a nuestro cuerpo durante algunas experiencias de creación artística, a lo que le pasa al cuerpo durante algunos estados de meditación trascendental.

Existe mucha documentación, lamentablemente poco divulgada, que nos ofrece serios y profundos argumentos para defender la importancia de la creación artística en nuestras vidas cotidianas.

Podemos resumir esta primera parte diciendo: Nos gustan las imágenes y nos gusta la creación artística porque somos humanos.

Ahora sigamos con la siguiente pregunta: Para que la creación artística resulte una buena práctica en un determinado contexto ¿Vale hacerlo de cualquier manera?
La respuesta es “si”, vale hacerlo de cualquier manera que sea apropiada para las personas que van a beneficiarse de ella y apropiada para la institución en la que vaya desarrollarse. Esto quiere decir que tanto la preparación de la persona responsable de esta actividad, como los medios técnicos y las condiciones del local deben ser también las apropiadas. La persona responsable debe estar bien formada en aquellos procesos de creación artística que luego vá facilitar y debe estar también informada y ser sensible a las circunstancias de aquellas personas a las que va a atender. Los medios técnicos deben ser suficientes y apropiados.

Un ejemplo concreto: ¿Cómo lo hacemos en Zubietxe?
A grandes rasgos.
Nuestro taller funciona durante dos mañanas semanales, ininterrumpidamente durante cuatro horas cada vez. Hay un descanso de media hora para el desayuno y pequeños descansos para las personas que necesitan fumar. Participan en él cada día entre 6 y 14 personas.
Cada persona asistente al Centro de Día, ha ideado con una profesional del Centro un diseño para su vida cotidiana. Así que las personas que vienen al taller, no vienen siempre los dos días, ni las cuatro horas, ni llegan a la misma hora, ni se marchan juntas. No se puede proyectar una actividad única, común para todas. Lo adecuado es que cada participante trabaje a su ritmo en su proyecto individual.

¿Cómo llega cada persona a saber cual su proyecto individual? o ¿cómo se plantea este?
Cuando alguien llega a nuestro taller, lo más frecuente es que pronuncie las siguientes frases: “Yo no sé dibujar”, “dibujo muy mal”, “la pintura no se me da bien”. Estamos muy atentas a cual es el estado de esta persona. Procuramos que esté confortable, a gusto, le presentamos los materiales y hacemos indicaciones básicas sobre su uso. Explicamos que los materiales, el espacio y el tiempo son para ser usados como a ella le complazca más.
Es frecuente que durante los primeros días, esta persona recuerde su infancia y la asocie al dibujo. Es frecuente que hable del Guggenheim, de hacerse millonaria, y que ante cualquier garabato raro que haga diga: “mira, como Picasso”. Es muy frecuente que el primer día aparezca cierta ansiedad.
Todo esto se va dejando atrás a medida que su propio trabajo aparece frente a sus ojos y a medida que este trabajo es acogido por el Taller, en el que no hacemos juicios, ni críticas y en el que tampoco arrojamos significados sobre el trabajo. Podemos hablar o no sobre estas producciones. A veces se generan conversaciones espontáneas. Cualquier posibilidad se facilita y ninguna se fuerza.
Invitamos a esta persona a ir un poquito más allá en su creación. Identificamos con ella cuales pueden ser sus rasgos de “estilo”, sus intereses, sus materiales favoritos, las imágenes que le gustan… y así cada participante va sumergiéndose poco a poco en su hacer, en su proyecto individual, a su ritmo.
Al mismo tiempo que esto sucede individualmente, nuestras producciones están también a la vista de las demás personas, incluso las distribuimos temporalmente sobre las paredes del Taller.

Como consecuencia de todo esto, el ambiente que se genera en el Taller es de distensión y trabajo. Esto, junto con las características del propio hacer de la creación artística, tiene efectos particulares. Algunos de estos efectos que hemos podido observar son:
Baja la intensidad de eso que la psicología clínica llama “resistencia psicológica”.
Abunda la sorpresa en relación a las propias capacidades.
Muchas personas que presentan una gran verbosidad consiguen que esta se alivie y a veces desaparezca del todo mientras están trabajando.
El humor de las personas asistentes al Taller es bueno (es decir: la espectativa de venir les hace sentir bien) y se mantiene y mejora durante el curso del Taller. Cuando vienen de mal humor por otras causas, en muchas ocasiones este humor mejora.
Estas personas se sienten seguras, porque saben qué ocurre en el taller, qué va a ocurrir. Saben que ellas marcan sus propios tiempos en el contexto de unas normas generales flexibles y respetadas por todos.

El taller es un espacio muy socializador la personas participantes experimentan aceptación, respeto, y admiración por la particularidad de sus producciones, algo que quizá no haya sentido en mucho tiempo.
Un respeto hacia ella misma, respeto que se representa en el respeto hacia sus producciones en el Taller. Una mutualidad de respetos: hacia los demás y hacia sus producciones. Esto ayuda a la persona participante a tener una percepción mas positiva de sí.


¿Qué aporta un Taller de Arte que no aporten otros talleres o contextos?
El Taller de Arte no es un espacio pedagógico. No enseñamos a dibujar o a pintar, aunque las personas aprenden a hacerlo según su interés a través de su práctica particular y mediante las indicaciones que podemos hacerles según sus demandas particulares.
No les ofrecemos unos contenidos, les ofrecemos un espacio vacío y acogedor en el que ellas vierten sus propios contenidos.
La exigencia del Taller de Arte es mínima, sin embargo con nuestra actitud “esperamos todo” de las personas que acuden al Taller. Es decir: esperamos y acogemos su subjetividad al completo, en la extensión, intensidad y ritmo que cada una pueda y quiera imprimir a su trabajo.
Las personas que participan están ahí, pintando, procesando sus inquietudes particulares, tranquilas, se sienten seguras. Ponen en juego su deseo ligado a sus producciones en un ambiente de intimidad y respeto. Entre las participantes se generan conversaciones sobre las obras y hablan con cariño sobre sus propias obras y sobre las de los otros. Se genera una sensación clara de que lo que estas personas son y lo que ellas producen es importante y de que su intimidad es algo valioso. Esto es positivo para ellas, y hay unos productos, unos objetos físicos (los dibujos, las pinturas…) algo físico que se lo recuerda.

La constancia de estos objetos es también un rasgo característico de esta actividad. Pueden volver sobre ellos, repasarlos, comparar los primeros dibujos con los más actuales. Pueden establecer hilos narrativos, asociaciones formales, inventar significados. Pueden compararlos con imágenes procedentes del campo del arte, pueden interesarse por el trabajo de los artistas y sentir que sus producciones son también aportaciones culturales. Pueden enseñárselo a otras personas ajenas al Taller diciendo: “mira esto lo he hecho yo” y experimentar la admiración que sus producciones causan en otros.

¿Qué procesos se desencadenan sólo aquí?

Nuestro trabajo consiste en facilitar las condiciones físicas y ambientales óptimas para que el proceso de creación pueda tener lugar.
Este proceso consiste en un flujo de acciones y pensamientos, más o menos conscientes, que se ponen en juego a gran velocidad, gracias a la suspensión temporal del juicio crítico.
Esto tiene como primera consecuencia una autorización subjetiva a experimentar, es decir: a conocer, aspectos inéditos para el sujeto. Estos aspectos están siempre inicialmente referidos a la forma y las operaciones de su transformación. En toda esta actividad también se ponen en juego otros procesos, como nos informa la psicología cognitiva y como observa Teresa Merino: la capacidad asociativa, el pensamiento divergente, la memoria, los aspectos espaciales de la percepción y el lenguaje.
Durante los procesos de creación artística se suspenden aquellos aspectos que obstaculizan la libertad subjetiva, al tiempo que se actualizan otros que juegan a favor del sujeto. Es un laboratorio para el experimento, donde el sujeto es libre para el escrutinio particular de sensaciones y significados, es mucho más que un espacio para la expresión o para la elaboración consciente de cuestiones imaginarias. Se trata de un lugar donde pueden apuntalarse y/o entrañarse cambios y giros importantes para el sujeto, a su ritmo, sin exigencias exteriores a ese tiempo subjetivo. A medida de lo que el sujeto puede tolerar en cada momento.
Todas estas operaciones se dan de forma simultánea y/o sucesiva, pero siempre reflexivamente, es decir: ante nuestros ojos. Todas estas operaciones quedan recogidas en la constancia de las obras.

Frases como “No sé lo que estoy haciendo, pero me gusta” Ponen de manifiesto esa importante variable asociada a la forma y a lo formal que es el placer. Otras frases como “El arte es mover los colores hasta que sale la verdad”, arrojan luz sobre la fuerza del empuje identificatorio en los procesos artísticos.

Compartimos con Teresa Merino la idea de que es imprescindible ser muy prudente al hablar de posibles significados, en cualquier caso, y más prudente aún tratándose de personas con un diagnóstico de enfermendad mental severa.
Aún así, a pesar de las dificultades, a pesar de que lo imaginario y lo simbólico respondan en el caso de por ejemplo: la psicosis- a las características de su particular estructura, ni lo imaginario ni lo simbólico dejan de estar presentes. Así como siempre está presente la relación con el cuerpo.
En ese punto un espacio para la creación artística se presta como lugar de desplazamiento –aunque sea de forma transitoria- o de alivio, donde sosegar aquello mortífero que permanece en el cuerpo sin encontrar un tránsito simbólico, algo de eso que Freud llamó “pulsión de muerte”. El hacer en el Taller de Arte ofrece matices más vivificantes; o en el mejor de los casos: la creación artística se constituye en interruptor de aquello que atenaza la subjetividad y las ganas de vivir.

Estas experiencias pueden ser vividas como terapéuticas en el sentido de que pueden aportar puntos de referencia, hallazgos, anclajes, enigmas, novedades, elementos inéditos para construir soluciones subjetivas o sencillamente: procurar momentos en los que se establece una distancia con la confusión y con el dolor, que no es poco. Pero los mecanismos y dispositivos de la creación artística nada tienen que ver con los de las psicoterapias, aunque, como en el caso de las psicoterapias, estas experiencias tengan también efectos subjetivos importantes.

Por último.
El lugar del arte, la creación artística tal y como nos hemos referido a ella en esta ponencia, es un lugar de oposición y de resistencia a las inercias culturales contemporáneas y el lugar donde poner en crisis las inercias subjetivas. Mortíferas inercias que añaden cautiverio a la pérdida de libertad que la enfermedad mental y la dependencia adictiva suponen. Inercias que tienden a acorralar al sujeto fiscalizando cada uno de sus hechos. A veces hasta hacernos enfermar, a veces hasta la muerte.

Estamos convencidas de que en esta contemporaneidad en la que los lugares para el sujeto parecen restringirse cada vez más, es imprescindible apoyar este “tour de force” que la creación artística impulsa, empujando al ser humano a aliarse a las conquistas de su propia naturaleza: el arte, la empatía, la compasión, la colaboración.

Nos reúne hoy aquí esta puesta en común de aportaciones que nos ayuden a pensar en estrategias para la inserción social de personas que encuentran grandes dificultades para aceptar las normas sociales, pero que participan de las condiciones de la creación artística. Estas personas quizá no puedan socializarse mediante las normas sociales, pero sí pueden socializarse mediante las condiciones de la creación artística.>>



BIBLIOGRAFÍA

Libros


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Artículos y documentos

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