Sí que es verdad que escuece, pica y molesta este enjambre de
distintas felicitaciones que se nos vienen encima en Navidad. Sobre todo las
que salen por la tele, la radio, los spams del e-mail…esas cosillas. He
recibido dos postales que me han hecho feliz durante un ratillo y han
alimentado ese bicho simpático que llevo dentro y a veces se manifiesta.
Me pregunto si no será que es esta Navidad la que nos pica, con
tanto ánimo crítico en crisis, tanta
amenaza de desahucio, tanto despido, regulaciones de empleo, reducción de
prestaciones sociales…y tanto miedo a que lo que se avecina agazapado a la
vuelta del año que viene sea aún peor. Este
año, algo me ha despistado de la alegría de la felicitación y estoy que no
felicito mucho, más bien hago compañía.
Dos conversaciones en estos días navideños me han empujado a las letras.
Una ha sido la típica conversación en la que mi interlocutor decía
que la culpa de todo la tienen los inmigrantes, que hay que devolverlos a sus
países. En la otra conversación mi interlocutor me explicaba que la felicidad
es algo inexistente cuya perspectiva de realidad solo es enarbolada por
visionarios estafadores que la usan como reclamo, asociándola a tramposas promesas de satisfacción –unas veces-
o a mentirosos escenarios de dulcificación de la vida social.
Es mi perplejidad la que me empuja a las teclas para
dejar de estarlo. Soy culpable de estupor y para expiar mi pecado me he
inventado un término para este “fraude” que me construyen entre la profesional
de los negocios: liberal, y la persona descreida para quien parece existir solo
una felicidad relevante, siempre asociada a la satisfacción, al tiempo que
deficitaria: aquella que nos ofrecen (aquellos, los otros…) como ilusión para
hacernos comulgar con ruedas de molino, comprar humo…etc.
Y ahí se me han juntado los dos en este Liberalismo Felicitario, de
cuya filosofía paso a citar a continuación algunos ejemplos:
-
Una
persona no puede salir de su país si es pobre (y menos si ambos lo son).
-
Una
empresa sí puede salir de su país para ir a robar a otro.
-
El
optimismo es el pecado capital de los ingenuos.
-
La
felicidad es imposible e inalcanzable
-
Felicidad
tiene que ver con tirar mi televisor extraplano de cuarenta pulgadas y la
satisfacción que me produce comprarme uno de sesenta.
-
Libertad
tiene que ver con que cada uno podamos hacer lo que nos venga en gana en cada
momento, lo que queramos.
Otro rato pongo más ejemplos.
Yo que siempre he pensado que la libertad
consiste en que la mayor cantidad de personas posible pueda optar a una vida
digna y amable. Yo que pensaba que la felicidad es un estado de ánimo
relacionado con amar los valores intangibles de nuestras circunstancias… (continuará)
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