martes

Gripe (segunda entrega)

Un timbre ficticio me ha despertado a las cuatro de la maña. No dormía mal hasta entonces. Ha sido casi una sirena, un timbre de despertador del tamaño de un barco de guerra, un sonido de sintetizador gigante, un faro sonoro con formas y luces, contra el que mi sueño ha naufragado.
A las cinco cincuenta, toso -por enésima vez- y Jose me saluda en la oscuridad. ¡Vaya, te he despertado! Me voy a dormir al sofá. Esto no tiene sentido: él se levanta a las seis.
Ya no podía dormir así que he tenido tiempo para ponerme nerviosa, toser más, ir al baño y decidir que quizá un vaso de leche caliente con miel me sentaría bien. He dado vueltas arrastrando mi cuerpo lastimeramente. Me he puesto el termómetro: 38. Leche caliente, miel y aspirina. Mas nervios e inquietud. He conectado el ordenador y me he entretenido un rato leyendo cosas hasta que me he quedado dormida y...Se ha obrado un milagro: me he despertado a las 11:30h, con sensación de haber descansado y una frase en mi imaginación "menos mal".
El perro había hecho pis y lo que no es pis a la entrada de la habitación. Pobrecito, no sabe abrir solo la puerta de la terraza. Así que ante semejante panorama y llena de energía febril renovada he decidido ducharme, bajar a perro y acercarme a la farmacia a por más aspirinas. Dicho y hecho. Por supuesto no ha sido tan rápido como lo cuento aquí. A las 12:30 estaba en la calle, con toda la ropa del armario puesta encima y un gorro de lana hasta las pestañas. Al  salir me he mirado en el espejo y he pensado: "¡vaya cara!, ¡por favor: no quiero encontrarme con nadie!. Buchillo ha trotado por el parque, cegato y contento como siempre. Hemos vuelto a casa al empezar a granizar. Misión cumplida: media hora en la calle y estoy como si hubiera remontado el Nervión nadando hasta Kuartango.  Siguiente acometida: ir hasta la farmacia.

La farmacia
Después de descansar un poco de tanto esfuerzo, he esperado a que se me pasara la taquicardia de la fiebre, me he reajustado el gorro y he encaminado mis pasos hacia la farmacia, que nunca me ha parecido tan lejana.
He parado en la panadería y he cogido una barra pequeña. Lo primero que le he dicho a la farmacéutica ha sido "socorro", pero creo que no me ha escuchado. He cogido las aspirinas y me he vuelto para casa. Y en el camino me he encontrado a medio barrio. Digo yo que me han reconocido por la ropa, porque por la cara no puede ser, esta no soy yo...

No hay comentarios:

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Archivo del blog