viernes

I+D+i de formas de vida, etica "agonal" y otras maravillas


 "ARTE, SUJETO Y DECRECIMIENTO" se llama el artículo de Ramón Salas que tengo el gusto de estar saboreando estos días. 
Entre otras cosas el autor hace un iluminador repaso de las interpretaciones culturales de lo que llamamos "sujeto". Propone coherencia frente a identificación y una ética agonal de la existencia, cuyos efectos formales serían la consecuencia del trabajo cotidiano de la libertad: "el conjunto de las actividades sobre uno mismo, que dan a ver una forma". 
Me gusta muchísimo estas ideas que rompen con las de identificación como condición para insertarse en la cultura. Es efectivamente al revés: son los procesos desidentificatorios los que posibilitan la distancia crítica posible como para poder elegir, es decir: para poder ejercer la libertad. 
Ramón Salas comienza a escribir sobre  el carácter ejemplar de la experiencia artística (en el contexto de sus reflexiones):


"De ahí el carácter ejemplar de la experiencia artística, que implicaría: agudeza perceptiva 
(percibir en lo concreto sus implicaciones); un trato activo con lo múltiple que se concreta
en una forma (hacer algo necesario a partir de la contingencia) basada en elecciones 
coherentes en un sistema de gran complejidad; un incesante trabajo ascético de gobierno 
(un ejercicio que un sujeto realiza sobre sí) guiado por el afán de perfeccionamiento 
(autonormativo, compromisorio pero gozoso); con.figurar una instancia individual sobre 
un fondo intersubjetivo; la modificación de los puntos de vista y los gustos (habilitar un 
interlocutor con capacidad de evaluar y atribuir valor); en definitiva, la invención de
posibilidades de vida y modalidades de subjetivación en el marco de la economía general 
de intercambios" (...)

Añado que  el carácter ejemplar de la experiencia artística  implica también estos procesos, puesto que se trata de un trabajo reflexivo (de reflejo en un "espejo": el lugar de la representación) a base de  constantes identificaciones y desidentificaciones.  A fuerza de estas se crea  y amplía ese espacio imaginario necesario para esos mismos procesos y para el siguiente repliegue: el pensamiento simbólico.

El conjunto de mecanismos, procesos complejos y consecuencias de la creación  y de la experiencia artística constituye el reflejo paradigmático de la humanidad: su capacidad imaginaria y simbólica. 
Entretenerse con experiencias artísticas significa una exploración del tuétano de los valores fundamentales de la originalidad humana: la intersubjetividad, la reflexividad, la capacidad asociativa, capacidad autonormativa... evaporados todos ellos de  nuestra biología milenaria: neocortex, complejidades perceptomotoras,  capacidad fonatoria, posición erguida, pulgares libres...etc, etc, etc...  Estos cambios biológicos fueron acercando aquellos valores durante miles y miles de años (y viceversa),  y el desdoblamiento imaginario (imágenes que son lo que veo / imágenes que no son lo que veo / imágenes producidas por mí) posibilitó una experiencia  que se prolongó  durante otros miles y miles  de años. Este juego gozoso y placentero de velocidad geológica (es decir; lentíiiisima en relación a nuestras ideas contemporáneas de velocidad))  desembocaría en   el significado, el símbolo, la palabra... 
Es decir: la experiencia artística  es nuestro fundamento y es anterior a la cultura, por esto puede ser ejemplar.

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