miércoles

Arte en todos los planetas del sistema social



La mayor parte de lo que aprendo sobre arte y sobre humanidad, lo hago en los talleres de los que soy responsable. Allí, en estas trincheras de la resistencia,  lo veo repetirse diariamente  como el amanecer, el atardecer, las fases de la luna, las mareas... con la intensidad de lo que ocurre en un laboratorio. Mucho de lo que pienso sobre el arte, sobre el amor y sobre las relaciones humanas es consecuencia de este trabajo.  

La "pedagogía del arte" está muy bien, pero esto es otra cosa. Hablo de lugares para la experiencia razonada de como las capacidades básicas que dan lugar a nuestra vida cotidiana se originan y provienen de nuestra condición de animales artísticos.  Es por ser animales artísticos que vivimos como vivimos, y no al contrario. 

El rapto cultural de nuestras facultades para la creación artística se da en todos los grupos sociales de una manera u otra, con mayor o menor intensidad. 
La cultura consigue extraer los contenidos que señala relacionados con el arte y encerrarlos en una convención destinada a élites, grupos de privilegio y de poder, e individuos especialmente dotados. Manipulando el origen de todas estas ideas para acapararlas y quedarse en propiedad cuestiones fundamentales y  sensaciones universales. La sensación de libertad y su contrapeso: la necesidad de cohesión, son algunas de estas ideas y sensaciones  (la inteligencia, el amor, la normalidad...)
Desmembrando en apartados  nuestro "todo cognitivo" y creando ficciones de un modo parecido a lo que ocurre con las operaciones de separación: cuerpo/alma o cuerpo/mente, la cultura separa tradicionalmente de nuestra cotidianidad aquellos ingredientes que pueden poner en peligro su hegemonía -que aparentan amenazar la cohesión del grupo.  Se queda con estos componentes para sus propios fines a menudo interpretándolos como asuntos minoritarios, de difícil abordaje, no para cualquiera. Como si tuvieran que ser protegidos en cajas fuertes. 

Hablar de la creatividad con una orientación hacia la producción económica y el rendimiento en el trabajo es una enorme perversión: es rizar el rizo de la llamada hacia la esclavitud voluntaria. 
La originalidad del ser humano radica en el desarrollo de las funciones complejas del neocortex asociadas a lo imaginario y a lo simbólico como forma adaptativa, una adaptación a la vida, no a la cultura. Los manuales de autoayuda y los mensajes tan de moda que elogian la creatividad como una línea importante en el curriculum, son los indicios de un sistema social, que se hace pasar por la vida misma,  como un sustituto,  como un sucedáneo.

La cultura tiene un valor cohesivo extraordinario lleno de deliciosas ventajas adaptativas pero sus inconvenientes pueden resultar demoledores (somos testigos de esto todos los días). Uno de ellos es que naufraguemos en el bucle que la misma cultura nos ofrece y creamos que no hay vida más allá de ella, en lugar de asirnos a nuestros propios inventos -culturales- como a lo que son: construcciones que pueden cambiar, variar, deconstruirse, volverse a construir.

Es posible que la edad de lo humano en la Tierra avance hacia su destrucción. Es deseable que si esto es así, la cultura no sea otra cosa una herramienta imprescindible que nos ayude a "morir dulcemente".  

En el caso de los animales humanos supervivencia y arte no pueden separarse porque la creación artística forma parte de los procesos biológicos necesarios para la supervivencia.
La imaginación es lo que hace que podamos llevar una vida cotidiana, resolviendo pequeños problemas y tomando decisiones a todas horas y adaptándonos a nuevas circunstancias. La rigidez imaginaria conduce al  sufrimiento y al desastre. Sin la capacidad para el pensamiento simbólico no tendríamos lenguaje. Y el pensamiento simbólico está asociado al juego, al "como sí", que es corriente en todos los mamíferos superiores. 

El arte nos viene del cuerpo, de nuestra compleja y extraordinaria biología. Así que todas las metáforas que construimos sobre nuestra existencia, aquellas con las que alimentemos la cultura en la que vivimos sumergidas, inciden de nuevo en nuestra biología de forma irremediable.  Vale más una cultura amable y a favor de desvelar y metaforizar, incidir y señalar los valores positivos del ser humano. Es cierto que es difícil porque la violencia innecesaria: la crueldad, viene asociada a la contradicción constante en la que nos sitúa la conciencia y nuestro estilo de inteligencia (la humana). Pero ahora  que ya lo sabemos, no podemos enarbolar argumentos ingenuos al respecto. En la gestación y multiplicación de lugares culturales amables y a favor del ser humano, de su radicalidad, de su original biología y de la intersubjetividad que esta hace posible, los lugares para el arte son imprescindibles.

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