viernes

Cuatro cuentos instantáneos, de amor.


(Cuentos instantáneos: como el Nesquik)


Cuento 1.

Erase una vez un hombre, un presumido seductor vestido con una capa de romántica humildad.
Enamorado del amor, pretendía este pretendiente, que el amor le hablara al oído con voz de mujer, llamándolo por su nombre, ovillándose en su cuello para siempre, como un gatito.
Las mujeres  eran para él:  todas ellas, cualquiera de ellas, pero ninguna de ellas. Destilaba en decenas de oídos las palabras más dulces y apasionadas, como si quisiera que el amor abandonara alguno de aquellos maravillosos cuerpos (o quizá  un poco todos ellos, ) y fuera por fin suyo, suyo para siempre. De vez en cuando alguna consentía  un apasionado chapuzón, del que salía como nueva: la piel más tersa, los labios más rojos. Alguna otra que se alimentó de sus palabras en lugar de solo escucharlas sufriendo  graves males. La mayoría de ellas se hacían las interesantes, suspirando secretamente en el sueño imposible de ser "la única" para él, y sin atreverse a confesar aquella irremediable atracción por aquel hombre con una nariz tan grande.


(No, la nariz no es estilo la de Cyrano de Bergerac, mas bien estilo Pinocho...)


Cuento 2.

Erase una vez un príncipe, tan príncipe que no era de este mundo. Una chica lo besó y el príncipe se convirtió en rana. La rana besó a la chica que se convirtió en rana también. Ambas ranas se besaron y se convirtieron en un hombre y una mujer. Vivieron un tórrido romance, se casaron,  se compraron un piso, tuvieron dos hijos, un todoterreno, dos hipotecas, un perro y un gato.  Al cabo de tres años se divorciaron. El se fue a vivir a casa de sus padres y ella no.

Cuento 3.

Erase una vez un hombre. Este hombre era un cuerpo desconocido para él. Bueno, su cuerpo quería presentarse, pero él no le hacía mucho caso y lo trataba como si fuera un vecino: el del tercero.
Un día este hombre descubrió que admiraba a una mujer, pero no sabía cómo la admiraba, ni como hablar con ella, ni qué decirle. Se cruzó en el ascensor con el vecino del tercero  varias veces en el ascensor y los dos hablaron del tiempo.

Cuento 4.

Erase una vez una mujer fea que se enamoró de un hombre guapo.
No puedo besarte, eres fea y no me gustas -dijo él.
Mira que hay cosas mas importantes -dijo ella, y le besó.
El hombre  se convirtió en rana y la mujer no pudo amarle.
Te lo advertí - dijo ella con tristeza,  mientras le llevaba  en sus manos amorosamente y le soltaba en una charca con bastante barro.


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