viernes

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Hace casi diez meses que murió mi padre y hace solo tres días escribí por primera vez en un papel algo que no le había contado a nadie todavía, y es que ese mismo día por la tarde recibí una llamada telefónica inidentificable en la que una voz de hombre, que se escuchaba  clara en una lejanía llena de ruidos como de interferencias,  preguntaba -entre inquisitivo y enfadado: ¡...hay alguien ahí...! Era la voz de mi padre.
Después me comí el papel.
Ahora pienso que no es para tanto.
Quizá me venga bien comer papeles escritos...

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