jueves

Inadaptación y Minilibros

 He superado la gripe. Hecha polvo. Con la energía por el suelo, pero contenta. Siempre estoy contenta, a pesar de todo y menos cuando me enfado (que es frecuentemente). Hasta cuando me enfado estoy contenta. ¡¿Qué vamos a hacerle?! Así es una.
De este tiempo  de fiebre, convalecencia y catarros post-gripales  he escanciado algunas ideas buenas. Entre ellas una me ha resultado fundamental. Me he dado cuenta, con esa claridad que proporciona la fiebre, de que llevo casi cincuenta años de mi vida intentando "adaptarme a la realidad". Ha sido un trabajo muy esforzado, tenaz. Lo he hecho por amor a aquellos que me trajeron al mundo, lo he hecho mediante un acto de fe  infinitas veces repetido en quienes tenían  -o decían tener- explicaciones posibles, razonamientos, herramientas que pudieran ayudarme a entender y convivir con esto llamado "realidad" a adaptarme...
Tras casi cincuenta años de lucha, de intento arduo y ardoroso, casi cincuenta años de meter la cabeza por diversas paredes y muros, decepciones y renacimientos... Después de casi cincuenta años de peleas, rifi-rafes, alma despellejada en caídas, epifanías pasajeras, cambios de rumbo...Después de todo este tiempo de intentarlo, creo que estoy en mi derecho de bajarme del carro. Paso: no he conseguido "adaptarme a la realidad" y no quiero seguir intentándolo. Estoy harta. Me planto. Se acabó. A partir de ahora que la realidad se adapte a mí, si quiere. Me es indiferente. Después de casi cincuenta años me he dado cuenta 

de que  puedo vivir felizmente inadaptada a "la realidad". Puedo vivir a contrapelo, en el extrarradio, allí donde no sucede nada más que lo que me sucede a mí y  a lo que yo quiero y a quienes quiero. Puedo vivir en la incertidumbre, a la clara luz del gris, en las cosas que nunca están claras del todo, en lo inextricable, en el misterio, en lo resbaladizo. Soy una inadaptada. Ya está. Ahora lo sé. Estoy orgullosa de ello, por fin dejo de luchar. ¡No sabéis qué alivio!

Así que estoy haciendo minilibros. Vuelvo al asunto de los minilibros con cierta regularidad. Dibujos, textos, espacios concretos, cajas... Hay una familiaridad entre todos estos elementos que me llama la atención y sobre lo que vuelvo y vuelvo...
La caja y el libro tienen puntos en común: se despliegan, contienen espacios mas pequeños, lugares ocultos. El contenido puede plegarse sobre sí mismo y guardarse. No está expuesto, sino que hay que abrirlo para ver en su interior. Es portable. Se puede compartir con otra persona casi en cualquier sitio. Es un organismo vivo, de sugerencias. Puede hacer pequeño lo grande y grande lo pequeño. Alude al mundo de la literatura, la poesía y la imagen visual sin jerarquías...



Mis madres y padres artísticos están en el surrealismo y en el dadaísmo y asuntos pareceidos. Me debo a Cocteau, Arp, Apollinaire, Max Ernst, Leonora Carrington, Alfred Jarry, Boris Vian... Y aunque me pierda por vericuetos más contemporáneos,  siempre vuelvo, ahí están.

Me gusta especialmente hacer estos minilibritos porque en ellos puedo combinar, incrustar, mezclar, barajar lo que hago constantemente: textos, cosas, dibujos, frases... y lanzarlas con libertad, en trocitos, como caramelitos, fragmentos dulces de esta feliz inadaptación radical.

Estos son dos libritos terminados. A ver si os gustan.


"Quiero decir tus palabras"











"Personas?"












1 comentario:

Carahuevo dijo...

Ederrak

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