jueves

Conversaciones navideñas

Durante estas semanas hablo con mucha gente, se generan conversaciones en las sobremesas, en los encuentros para despedir el año.
El tema suele ser el mismo: el estado de las cosas, el latrocinio del estado, la corrupción, la farsa, ¿qué hacer?, ¿hacia donde vamos?, esto es imposible cambiarlo, los seres humanos somos así....
Los seres humanos somos animales egoístas que luchan interesadamente por su supervivencia, como todas las especies - me decía Iñaki en una cena. Pues sí, es cierto, aunque los humanos tenemos algo excepcional que las demás especies animales no necesitan: tenemos cultura, culturas. Las culturas son montones de usos y costumbres construidos granito a granito, durante siglos. Ideas, formas de ver la vida, sistemas, conceptos, imágenes inventadas para relacionarnos de una forma concreta con un entorno concreto. De la misma forma que se construyen las culturas se destruyen o se deconstruyen.
Coincide en  todas estas conversaciones en una necesidad intuitiva que se manifiesta de formas distintas : un cambio radical, que todo explote, volver a empezar...
 Están ocurriendo las dos cosas: la destrucción y la deconstrucción. Y ocurre simultáneamente.
Se destruye la cultura occidental en cada contradicción de las condiciones que habíamos creado para facilitar la convivencia individual en nuestras sociedades. Todas aquellas condiciones de acogimiento, seguridad y bienestar para nuestra ciudadanía, persona por persona, caso por caso.
Se deconstruye la cultura occidental en cada reflexión sobre su propia naturaleza y en cada ejercicio, en cada ensayo por recombinar sus términos a favor de aquello que se destruye.

Una pregunta que nos lanzamos unas a otras, con ojos de incredulidad, con estupor ante el panorama desolador de la corruptela, los argumentos crueles y los resultados de todas las máquinas de sufrimiento puestas en marcha al mismo tiempo: ¿por qué nadie hace nada?   Esta es la pregunta trampa de quienes esperan y miran por la ventana esperando que escampe. La pregunta impulsada por la impotencia, esa impotencia que me hace fantasear con una situación casi bélica en la que armada hasta los dientes y sin nada que perder, bombardeo todo aquello que odio para calmar mi rabia. El problema (y la ventaja) es que odio ideas. No necesito armas para bombardearlas.

Si, hay ya muchas personas haciendo muchas cosas. Existe un enorme movimiento de personas críticas, cultas y organizadas que empuja hacia cambios sociales necesarios. Existe una fuerte corriente de pensamiento que promueve los valores imprescindibles para nuestra propia protección. Siempre, en todos los momentos de todas nuestras historias esto existe.  Nuestra supervivencia como especie depende de estas personas y de estas ideas y de su egoísmo. Un egoísmo altruista que se contrapone a la egolatría, al egotismo, narcisismo, personalismo...que nos llevan a la ruina una y otra vez. Quizá esta sea una necesidad cultural cíclica.

La cuestión es: yo sí que trabajo por un cambio social  ¿Lo haces tú? o ¿Cual es tu aportación? ¿Qué te gustaría hacer?   HAZLO, tienes todo un año por delante y después toda una vida.




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