viernes

Cuentos instantáneos I


I.
Aquel hombre largo, era despedido de la luz por los cascos de los caballos, como si estuviera aprisando la roca mas alta y mas gris de sus mejillas.

II.
Ese hombre cansado que goteaba en el interior de su comercio, entre las grandes plantas. En las enormes salas telegráficas sin puertas de cualquier ruido.

III.
Las convulsiones de su lápiz ejecutaban su atención. No tenía porqué hablar de papeles sueltos. La noche grande y necesaria, gritaba, negra sobre su cerro luminoso.

IV.
Vivía sin fijar totalmente el crepúsculo en su cuerpo.

V.
Golpeó varias veces su lección de placer, hasta que -de puro asombro- un torbellino oscuro lanzado a toda velocidad avanzó a paso minúsculo. Su canto iluminado llegó a las afueras de mi alma.

VI.
Mi alegría distingue otro huésped: la noche. Se cierra ante el impetuoso paso de mis ojos formando un jardín de oscuridad. Subo por la escalinata entre el fresco follaje y la bruma cálida de las horas. El asombro se entromete y me guía hacia los fantasmas.

VII.
Las primeras palabras fueron dentro de su cuerpo, hasta su boca. Pasado un rato, el principio se volvió inesperado y de particular urgencia. Salió como beso ardiente.

VIX.
Exclamó avellanándose en la opresión. Durante largo rato la voz hablaba y abandonaba luego al sirviente.

X.
La noche clara, con esta luna llena, quedó abierta para todos. La amable oscuridad desvela una  lumbre amarillenta, delicada y firme. En aquel cuento siempre era de noche, siempre había velas y muchas sombras sobre las que inventar historias.

XI.
Se oyó el canto de un pájaro de luz de luna, dijo:
naturalmente hay pasillos en la realidad, naturalmente pasillos interminables con interminables puertas, con y sin raíces, predecibles e impredecibles.

XII.
Yacía allí, sumido, con los párpados lisos como una pista de equitación. Desparramándose sobre la tarde cuando él llegaba.

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