jueves

El amor se presenta como delicioso




Enamorarse en un talento, esa visión de lo amable, como una creación oceánica que se mueve porque sí.
Un "si" que es la respuesta a cantidades de caos dilatadas, estelares, cósmicas, combinadas en sucesos irrepetibles que algunos llaman "Dios". Yo lo llamo: "un viento muy fuerte".

Enamorarse sin objeto, de la nada, del deseo, de la vida. Amar la satisfacción que produce amar.

Enamorarse tiene bigote en todas partes, barbas: un mar de antenitas, patitas invisibles que ondulan con suavidad, arrastrando al cuerpo tras de sí, arrollando todo lo que no tiene importancia. Olas de estima blanda y dulce, contra barcos destrozados por otras furias.

En el amor hay algo que nos empuja desde hace miles de años, algo anterior, algo mamífero. Como en el arte es la forma, la que nos empuja desde hace miles de años, me pregunto qué será en el amor. Un empuje que pude obrar maravillas y milagros. Un misterio luminoso, blanco, enorme... Solo puedo alcanzarlo (rozarlo solo, quizá) rompiendo todas las sintaxis, las semánticas... revolviendo el lenguaje en torbellinos de extrañeza.

Desde mis órganos y  de los rincones más oscuros de mi cuerpo, se evapora el amor, alimentándose de todos los instantes.




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