jueves

El arte y su yugo

La interpretación cultural del arte es un yugo, el ungimiento del trabajo en el estudio. Lo ha sido siempre y lo sigue siendo. Me es difícil, si no imposible, dibujar lo que me da la gana

Cuando dibujamos lo que nos da la gana, si lo conseguimos la Cultura encuentra un nicho en el que instalarlo y si no lo encuentra, si no nos encuentra, lo buscaremos nosotros: hay  que instalarse en algún nicho de utilidad cultural.
Pero la realidad es la de nuestra irreductible naturaleza. Lo mejor y lo más humano es  aquello que hacemos sin pensar en una finalidad utilitarista. Lo que hacemos por el placer que nos proporciona hacerlo. Y como somos humanos, de nuestra cosa mamífera nos viene de natural gozar en compañía de otros.

La ambrosía cultural que durante siglos nos arrastró en las corrientes de nuestras propias ideas, hasta esta playa en la que comprendemos que es feo hacer esclavos a los semejantes y es feo ensuciar tanto el medio ambiente sin pensar en las consecuencias, esta ambrosía cultural –digo-  tiene una sombra oscura de la que no puede separarse. Esta sombra ahora se llama neoliberalismo, capitalismo voraz, burrerío sin fin y es curioso porque parecemos ser de nuevo empujados a la esclavitud, hacia el desenfreno cruel de quien siendo plenamente consciente del mal que hace, lo sigue haciendo.

Dibujo porque me da la gana. No tengo ninguna ínfula utilitarista ni innovadora, ni sirvo a nadie. Dibujo a lápiz y –como mucho avance tecnológico: con rotulador. Y además: tengo la manía de contaminar al mayor número de seres humanos con mis ideas locas.


He aquí una lista somera:

-El arte no es un hecho cultural (como no lo es tampoco el juego, por ejemplo)
-El arte dio lugar a la posibilidad cultural
-La creatividad no tienen necesariamente que ver con el arte ni viceversa
-El trabajo manual en la creación artística es insustituible
-El dibujo hizo a la imaginación y no al contrario




A grandes rasgos: el lugar de las imágenes



El lugar de las imágenes, de aquello que más nos importa, está usurpado por la propaganda del consumo.
El rapto de lo imaginario se ha convertido en un secuestro de nuestras capacidades creativas, una ocultación de nuestras posibilidades de autoría, una reducción al absurdo: a los altares del capricho capitalista por un lado, y por otro lado al desprecio más absoluto.  

Hace miles de años, los seres humanos, hombre y mujeres, entraron en las profundidades de las cavernas, persiguiendo la experiencia de lo extraordinario.
La falta de luz y de sonido,  hizo que pudieran ser testigos de la experiencia de su cuerpo. Sus cerebros proyectaban alucinaciones. Puntos, líneas, estructuras, retículas, animales… Les gustaba esta experiencia. Era placentero, igual que lo es para el pájaro cantar en la rama. Fue igualmente placentero fijar estas visiones en las paredes.
Durante miles de años, los seres humanos, hombres y mujeres, acudían a las profundidades de las cavernas a gozar de lo extraordinario que sus propios cuerpos producían. Hasta que, de pronto, dejaron de hacerlo. Comenzaron ha hacerlo fuera de las cuevas. No necesitaban ya la deprivación sensorial para producir imágenes: podían imaginarlas a voluntad. Se identificaron con ellas.  Primero en la oscuridad de la noche fue más fácil, a la luz del fuego. Más adelante, a plena luz del día.
Aquellos seres humanos se reunían para crear imágenes, arrobados por el goce de aquello extraordinario que ellos mismos ponían en juego.
La primera ciudad conocida, Göbekli Tepe, fue construida alrededor de las imágenes.  11.500 años  a.C.,  aún en el Mesolítico.  Antes de la sedentarización, las mujeres y hombres se reunian para crear imágenes, para seguir experimentando lo extraordinario. La afluencia de personas a crear imágenes en aquel enclave, fue tan grande y durante tanto tiempo, que su modo de alimentación mediante la recolección y la caza cambió. Allí vivió una concentración creciente  de seres humanos  durante más de 3.000 años. En ese tiempo su relación con el entorno cambió. Su relación con los animales y las plantas cambió. El trigo que actualmente consumimos, viene de allí. De la recolección de alimentos, a la producción de alimentos. La revolución Neolítica comenzó en las reuniones para inventar, para crear imágenes. Por placer.

Este es el origen de las imágenes. El poder que estas ejercen sobre los seres humanos es bien conocido. El efecto que las imágenes tienen sobre nosotros ha sido utilizado por muchos sistemas culturales para modelar conciencias. La vigencia de esta manipulación es apabullante hoy en día. 
Afortunadamente, el arte sigue aquí. Seguimos siendo dueños de nuestras experiencias de lo extraordinario. El arte sigue ahí para recordarnos que podemos gozarnos, que podemos disfrutar nuestra particular radicalidad en una libertad radical, una libertad que podemos compartir con otras libertades, a las que sumarlas. Una experiencia de la maravilla y el único territorio realmente ilimitado: el arte. Nuestro origen.


¿Somos ahora, como especie, menos ingenuos que hace once mil años? ¿Podemos rescatar nuestro imaginario colectivo e individual y orientarlos hacia otros lados? ¿Pensarlos de forma distinta?

viernes

Artista, sueño contigo

La artista con la que sueño se sitúa en contra del dolor y en contra de la devastación que causa la actual voracidad capitalista. No participa en ella, no se provee de ella, no bebe en sus fuentes.
La artista con la que sueño colabora para frenar la locura colectiva, pone trampas a las inercias culturales en su vida cotidiana, contagia a los demás su pasión y su visión, su vivencia artística.
La artista con la que sueño es radical en la tarea cotidiana de rehabilitar el lugar del arte como conquista humana fundamental, en su tarea de avanzar hacia un horizonte bonacible imaginado sin desmayo.
La artista con la que sueño ahonda en su subjetividad más radical, paliando su dolor con sus creaciones, podando las ramas por las que trepa su narcisismo, cultivando su propia desidentificación, ahonda el caudal del flujo creador,  trabajando en paradoja y diálogo constante con su nombre propio.
La artista con la que sueño redescubre los lugares originales del arte, los ama, los reivindica.
La artista con la que sueño cultiva con su trabajo las formas de felicidad de las que somos autoras desde el albor de los tiempos, aquello que es la base de nuestra naturaleza humana, las capacidades que nos sostienen en la vida realmente: la creación, la invención, las imágenes, la música, los relatos, el humor, el ritmo,  los debates, las discusiones, la fiesta, el amor.
La artista con la que sueño rompe el lenguaje con la poesía para dar la palabra al gozo de vivir, para hacerlo presente y consciente. Lo piensa como imprescindible, compartido, inevitable. Un gozo bonacible, necesario en cada momento.
La artista con la que sueño crea en connivencia con la naturaleza, empezando por su propio cuerpo: juguete para el misterioso disfrute de la vida. No se aplica en adaptarse a la cultura, sino en adaptarse a la vida.
La artista con la que sueño vive las relaciones desligándose del sometimiento al deseo del otro, consciente de que hay otras formas de relación más ricas: el intercambio de ideas, de emociones, la experiencia compartida de la creación, el amor.
La artista con la que sueño sabe que  el sometimiento al  deseo del otro - ese sobrevalorado deseo- es la piedra angular de la voracidad canibal de este momento de la Historia. La piedra angular sobre la que se sustenta la conceptualización como mercancía de todo lo que nos es querido y precioso. Aquello que nos consume al consumirlo.
La artista con la que sueño colabora, escucha, goza con otros, sufre con otros, inventa junto a otros, se alegra junto a otros, aprende de sus palabras, de sus acciones.
La artista con la que sueño habita en lo heterogéneo, en la heterodoxia.
La artista con la que sueño abandona la literalidad de las palabras y fuerza el lenguaje para referirse a lo ignoto, hacia su laberinto, hacia la oscuridad opaca desde la que  madeja valores humanos aún por descubrir.
La artista con la que sueño no crea para nadie en concreto, sus obras no tienen otro destinatario que la humanidad.

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