sábado

Amor, amor...¿hay algo que no sea el amor?

Parece que no hay otra cosa que el amor. Parece que este amor en la cumbre, tiene siempre edad para la pasión, para la épica. El amor tiene una dimensión colosal, es más grande que las catedrales, que la Tierra y que el Sol y siempre tiene sexo, y una sexualidad genital cuya sola imaginación hace que me maree.
El amor y el erotismo van de la mano, de juerga por la realidad: son los más populares del instituto, de la oficina y de la degustación. Protagonista en todos los saraos. Aquello donde todo desemboca. Una pura maravilla.

Y yo me pregunto: ¿no hay otra cosa?, por favor:  ¿no hay otra cosa que el amor?

No. No es solo el amor lo que nos conmueve, lo que alimenta nuestra curiosidad. No es  necesariamente amor lo que nos acerca a los semejantes y nos empuja a escucharlos. No es siempre el amor lo que nos conecta, no pedimos justicia y dignidad por amor. No dibujo por amor. Ni escribo por amor. Ni es el amor lo que me mueve el cuerpo en todas las direcciones cuando miro a algunas personas, huelo a otras, toco a alguien , escucho lo que me dicen... No es amor lo que me vuelve el cuerpo del revés cuando leo algunas cosas que otras personas escriben.  No es el amor lo que hace que enardezca, unas veces para bien y otras veces para mal.  El amor no me hace bailar si pienso en él. El amor no lo es todo en la vida. Amor, amor, amor... Como si todos nuestros comportamientos positivos, cohesivos, colaborativos, curiosos, amables, cariñosos, cuidadosos, interesados, desprendidos, manifiestos, ocultos...tuvieran que pasar por el filtro del amor, disfrazarse de amor, exudar amor, invocar al amor.  Como si todas nuestras experiencias voluptuosas, eróticas, festivas, melancólicas, deceptivas, embriagadoras, dolorosas... tuvieran que estar encadenadas al amor.

¡ Estoy harta de tanto amor ! Quiero ser libre del amor. Liberarme del amor. Quiero alfabetizar mi existencia sentimental, que es enorme, rica, plena, llena de vida como un fondo marino. Alfabetizar me vida sentimental, la de mis sentimientos, y sacarla de ese "amor en reducción de pasiones", esa especie de salsa maravillosa que queremos echarle a todo, que vale para condimentar cualquier cosa y que así todo sepa a lo mismo: ¿a amor?

Hay muchas cosas maravillosas que no son amor, ni se fundan en el amor, ni se sujetan en el amor. Ni tienen nada que ver con el amor. No son amor, ni falta que les hace. Cosas que nos unen, cosas que nos acercan, transmisiones ocultas que no sabemos discernir como llegan hasta nosotros en formas tan humanas que ni podemos olfatearlas. Entre nosotros hay figuras, recuerdos comunes, sonidos  que solo nos conmueven si vienen de otra voz humana y no necesitan tener significado. Nos unen corrientes complejas, intraducibles. Imágenes. Las imágenes nos acercan y nos separan. Las imágenes velan y desvelan al mismo tiempo. Hay barruntos que solo se dan en presencia de algunas personas. Hay personas desconocidas y presentidas...

Las relaciones humanas se abisman en la oscura profundidad inaccesible de su naturaleza.  Y allí, en  esa calma perturbadora me pregunto ¿qué es, que no es amor? Y dibujo mis mapas.

Dibujo mi oscuridad



Dibujo mi oscuridad y esto es lo que más me gusta hacer. Mapas de mi oscuridad.

No es una casualidad que esté siendo cercada por ideas, formas de trabajar e intereses, que me ciernen cada vez de forma más certera y segura. Como un bonito vestido ajustado y cómodo, como un cinturón que sujeta sin apretar. Algo que se va haciendo a mi medida, algo de lo que me  rodeo desde hace tiempo, con unas sastras misteriosas, invisibles, que toman medidas, cosen, desechan, cambian, cortan, añaden, quitan... Las hadas de mis decisiones, mis monstruos custodios, reflexiones elevadas, banalidades y tonterías: todos mis personajes reunidos en este trabajo que permanece para mí en la oscuridad, inaccesible a mi: no veo su creación, esa creación que me viste. No la veo. No veo sino fragmentos, fragmentos en forma de coincidencias pertinaces,  de sincronicidades, serendipias...

La semana que viene comienzo una actividad con un grupo de mujeres en Zubietxe. Este taller se llama: " Imágenes de las mujeres contemporáneas: Bitácora para orientarse en un mar de tópicos". Por otro lado trabajo en un proyecto de Mabi Revuelta para Consonni en el que mi labor consiste en elaborar una cartografía de un lugar imaginario a partir de decenas y decenas de datos aportados por personas que han viajado a ese lugar, idea, sueño, sensación... Frases extraídas de sus particulares bitácoras imaginarias.

Ha sido investigando, documentándome, revolviendo en cartografías, mapas geográficos, imaginarios, mapas sociales... cotejando todo esto con mis trabajos, con mi forma de hacer... cuando he hecho el siguiente descubrimiento. Y digo bien, algo he descubierto, algo ha sido desvelado, ha salido de la oscuridad.
Y ha sido dando vueltas a este  ¿cómo?, que el espejo imaginario que a todas las persona nos acompaña, ha hecho eso que tan pocas veces suele:  ha contestado. Su frase ha sido: ¿y tú me lo preguntas?.
Es tan acertado eso de que  solemos tener las cosas tan delante, suelen ser tan obvias que no las vemos, se vuelven opacas y nuestra preguntas desesperadas sobre ellas nos devoran.  Cosas que nos son tan constituyentes, tan radicales, tan originarias que se nos vuelven oscuras.

Y en este ultimo brillo fulgurante  de otro fragmento de mi reflejo -ese que soy incapaz de ver, solo en cachitos, esos que nunca reúno por... no sé por qué motivo,  también  eso se me oculta-  en ese pequeño resquicio de reflejos, me he visto, fugazmente, como se ve algo que pasa por entre bambalinas durante una obra de teatro.
Miro al fragmento de espejo que brilla y veo mapas: mapas y bitácoras. Mapas y bitácoras de todo tipo. Me alegra, me conmueve y me asusta profundamente sentir ese "clic" de sentido en todas las lógicas de mi cuerpo.
Claro está y yo nunca lo vi: alguien que quería ser astronauta para viajar a la profundidad oscura del cosmos; alguien que después quiso ser oceanógrafa para viajar a las profundidades oscuras del abismo marino; alguien que después quiso ser arqueóloga para rebuscar en las oscuridades del tiempo... ese alguien ¿qué cosa buscaría y  necesitaría con avidez perentoria? y ¿que produciría constantemente, con febril inconsciencia, con ansiedad imparable, en cantidades para dar y regalar, sin otro interés que seguir y seguir?
Mapas, cartografías.
En la misma etimología de la palabra "cartografía" conviven todos los parientes sobre los que me preguntaba, sobre los que llevo años preguntándome.
Me preguntaba como quien se pregunta sobre el dedo que apunta a  la luna: ¿serán mis trabajos algo relacionado con  las cartas, tienen algo de cartas?, y pensaba en cartas de las que se envían en el correo. Pensaba y me preguntaba sobre la vinculación entre el dibujo y el texto y  por el camino he encontrado varios argumentos interesantes y parcialmente ciertos. Parcialmente.
Me he devanado los sesos pensando e intentando averiguar -incluyendo métodos esotéricos de averiguación- de donde me venía esa "manía" de desplegar... Mis trabajos siempre han tenido esa tendencia a plegarse y desplegarse...y quisieron desplegarse con tanta fuerza que se convirtieron en papercuts...querían desplegarse incluso fuera de sí mismos. (Es importante desmentir el "si mismo").
Me he preguntado hasta el dolor: ¿qué estoy haciendo? Y he esperado que la respuesta tuviera la forma de un hilo argumental de sentido: una idea cerrada, mientras me angustiaba  viajando a la velocidad del sonido por experiencias formales matizadamente distintas sin que ninguna de ellas me resultara definitiva.  Y siempre con esa zozobra de no pertenecer del todo a ningún lugar, a ninguna idea, a nadie... siempre en movimiento de aquí para allá, siempre en  nómada disensión.
Y esas cajas desplegadas sobre las que me preguntaba con patetismo una y otra vez ¿por qué me interesan las cajas?. Desplegándolas dibujaba plantas de casas sobre sus divisiones, pero pensaba en personas, personas-caja, cajas-mapa... La etimología de la palabra" bítácora" en castellano alude a un habitáculo donde se guardaba lo que en inglés se llama "log book", en castellano: "libro de bitácora".  Todos mis cuadernos...llenos de palabras dibujadas y dibujos escritos como palabras.
Ese ejercicio de escritura dibujada y de dibujo como caligrafía que entrené durante años, aprendiendo a respirar en los trazos de las curvas, de las rectas, aprendiendo a respirar como quien aprende a respirar para meditar, como quien entrena la respiración para bucear. Respirando y trazando con los ojos cerrados, en la oscuridad, trazando y respirando en la oscuridad. Madejando la oscuridad, ovillando esos hilos negros. Respirando otra vez en cada trazo, en cada curva, dibujando aquel mismo ejercicio con los ojos abiertos. sin darme cuenta de que no había significado otro que aquél, y que aquello -esto- es lo que hago: mapas.
Dibujo mi oscuridad y esto es lo que mas me gusta hacer. Y  a mayor profundidad mi oscuridad se convierte en otras oscuridades y se multiplica y se conecta con otras... y así hacia una oscuridad que es la más densa y común de todas...












LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Archivo del blog