jueves

saliendo del armario del materialismo. parte 2





Hace dos noches soñé que recibía la visita de tres personas: dos hombres y una mujer.
Eran tres personas sabias-magas. Me inquietaron tanto que me desperté. Me daban miedo. Me daba miedo la profundidad de sus presencias.

Tengo la impresión de que vivimos en una época en la que forzamos al lenguaje a la letra, al pié de la letra. Una época de literalidad y de pornografía, lenguaje descarnado, entendemos exactamente lo que escuchamos porque no hay más. No hay entrelineado, ni sugerencia poética, ni ironía en el hablar. Es la época del proyecto: siempre hemos de saber de donde partimos y a donde vamos a llegar. La época del cinismo, del disimulo y de la impunidad. En mi opinión, entre todos los motivos que se han anudado en este momento de la historia hay uno que destaca y despunta: nuestra confianza ciega en el racionalismo materialista.
La cultura fue alumbrada por la capacidad para la creación artística, no por una extremosa racionalidad. Aunque me fastidie y a mí misma me chirríe aún, fueron los vínculos entre arte y religión (seguramente un estilo de espiritualidad que nos es desconocido en estos días pero que quizá si que podamos intuir y rescatar como una espiritualidad laica...) los que alumbraron la cultura. El vínculo entre la experiencia de la vida y la capacidad para darle forma fuera de nuestro propio cuerpo y en forma reflexiva.
La razón pura resulta muy ingenua puesto que impulsa al extrarradio, a los márgenes de los social y de la cultura todo aquello que le es oscuro y/o desconocido haciendo que pierda su valor. Porque según nuestro pensamiento materialista y según el racionalismo vigente solo tiene valor aquello que puede ser contado, pesado y medido. Todo lo demás parece no tener entidad ni sustancia.
Pero esta tramoya, este decorado, este panorama cultural, esta realidad pactada quizá haya sido precisamente pactada según unos intereses que no persiguen francamente la bonhomía, ni favorecer la abundancia de valores positivos, ni investigar y alimentar nuestras capacidades naturales, ni reducir el sufrimiento... Mas bien parece ser que esta realidad ha sido pactada mediante manipulaciones culturales que nos apartan de otras posibles elecciones. Año tras año, siglo tras siglo, milenio tras milenio.  Y año tras año, siglo tras siglo y milenio tras milenio una minoría marginal ha influido como ha podido en estos pactos consiguiendo efectos de mejora y deteniendo o enlenteciendo el canibalismo moral, la crueldad y otras cuestiones. Pero la cosa sigue muy cruda y no sabemos si mejorará.
Este es un estar incómodo. Discrepar con casi todo en algún detalle, disentir con casi todo. Ilusionarme y desilusionarme como en una montaña rusa. Disfrutar de la alegría y rebozarme en sufrimiento o en tristeza cuando toca... Intentar huir de la inercia argumental del status quo cultural sin salir demasiado malparada o con sensación de fracaso (un síntoma cultural que significa: inadaptación, lo que puede - paradogicamente- resultar más saludable que el éxito).
La realidad contemporánea, apuntalada en esta racionalidad tan consistente, compacta y estable, constituye una nueva religión, credo, una confesión. Algo que quiere hacerse pasar por "la verdad" o algo que se postula como la vía hacia la verdad y que además pretende tener el privilegio en exclusiva de adornarse con el sentido común.
Vivimos el arresto de una inercia argumental que no es más que una inclinación sentimental más hacia el control, que nos sugestiona con una enorme fuerza. Situarse fuera de esta inercia es outsider, descontextualizado, insensato, loco, enfermo... Hemos sustituido la universalidad de un Dios por la universalidad de las causas materiales y por la universalidad de su lógica, y nos ha parecido bien, hasta que nos hemos dado cuenta de que esta lógica, este  racionalismo cartesianismo voraz asociado a el impulso de dominación de nuestra sociedad, se parece cada vez más a un enemigo. Hasta que os hemos dado cuenta de que la universalidad de la lógica de las causas materiales se parece más al caos que observamos en las partículas sub-atómicas, un caos que se nos escapa como se nos escapaban los dioses.
El espíritu de la vida circula fuera de nuestro alcance, con su densidad, sus lugares, sus efectos, velocidades...El hueso de la vida está ahí y nos arma cada día. Nos transita y transitamos en él. Nos sostiene.



2 comentarios:

Juan Escudero dijo...

Según John Berger vivimos una época que evita el misterio.
Estoy de acuerdo el misterio es todo. Es lo más importante ya que nos rodea todo el tiempo aunque miremos para otro lado

helena dijo...

Que bien Juan.
Muchas gracias por el comentario.
Me siento menos sola

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