martes

Ciclos, nuevos ciclos, siempre nuevos ciclos


Los cambios siempre me resultan duros, difíciles. Tomar conciencia de que se está dando un cambio en mí, encontrar cómo interpretarlo. Estos son los cambios duros. Los circunstanciales son otra cosa: puede costar más o menos encontrar mi forma de adaptarme a la nueva circunstancia o situación. Las adaptaciones me cuesta menos que representar mis cambios. Reconocerlos y representarlos. 
Estos cambios ni siquiera lo son. Suelen ser momentos en los que cuestiones que están reprimidas o escondidas o atrincheradas en una oscuridad inconsciente, empujan, hacen ruido, se mueven.
Son momentos muy molestos porque no sé qué es esto que empuja y bulle. Es invisible para mí. Finalmente resultan ser un universo completo: la constelación de complejidades que me habitan han cambiado de postura. 
Me he dado cuenta de que durante mucho tiempo he estado defendiéndome del mundo entero. Mis dibujos tenían ese ingrediente chocante: encantadores y terribles a un tiempo, lineas delicadas y decapitaciones. 
El placer que he encontrado en todos estos años de bucear en la oscuridad ha sido indescriptible. Es posible que haya desalojado asuntos inconfesables, imposibles de poner en palabras, cavando y cavando en la oscuridad. Esa oscuridad que perseguía cuando de pequeña quería ser astronauta,  de más mayor: oceanógrafa, luego arqueóloga, después artista: viajar en la oscuridad, sumergirme en la oscuridad, cavar en la oscuridad. Y viajando en la oscuridad, he llegado a un fondo. Sumergida en la oscuridad he recorrido muchos lugares secretos. Cavando en la oscuridad he descubierto muchos tesoros. Y me digo que lo que quiero ahora es mostrar lo que pueda de ese fondo, compartir los secretos que puedan compartirse, mostrar algunos tesoros.


Hay una parte de mí que mira al monstruo (otra parte de mí) y guarda en una crátera un líquido que no se sabe qué es. Lo he dibujado más veces. Miro entre mis álbumes y hay muchas mujeres con cráteras y en otras páginas: monstruos. Los tres somos lo mismo: la vida, el alma, el monstruo. La triada: eso que a veces se llama yo. Tan cambiante y a veces tan desconocido.


Los dibujos de ahora tienen algo de celebración. Irradiaciones a partir de un centro básicamente luminoso, en paz, vivo y con matices de felicidad. Todo lo que ha estado latente, en la oscuridad, agazapado, madurando, revolviéndose en sus propios cambios y crisálidas. Todo aquello que ha estado esperando su momento se abre paso. No puede ser una fecha más oportuna: la primavera.



Son imágenes de triunfo y verlas me anima, reconozco algo mío en ellas. Son festivas, como casi todos los días de mi vida, que tienen aire a fiesta, a celebración. Las veo y siento agradecimiento y alegría.
No sé cómo se irán organizando o desorganizando. Parece que vienen como mandalas, como colage, como imágenes sueltas que van cambiando de posición. Parece que vienen a celebrar la vida y que consigo traen regalos.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Archivo del blog