jueves

Por fuera de la raya...

Tomás y Sara

Hay muchas cosas que llegan hasta mí por fuera de las rayas. Por fuera de las rayas del pensamiento, por fuera de las rayas de la lógica... Cosas, ideas, ocurrencias que son como constelaciones hechas de muchas otras ideas y ocurrencias y que solo puedo ver cuando se formalizan en algo concreto. Esto también me ha pasado con el Libro de Colorear Zubietxe , un objeto sencillo que ha venido viajando en el tiempo.

Hace años, ojeando una publicación de una  artista que conozco, se me ocurrió el siguiente comentario: "te ha quedado precioso, parece un libro para colorear". Por la expresión de su rostro, comprendí que no le había sentado muy bien mi idea, no le gustó nada. Aquel suceso se quedó presente en mi pensamiento, alumbrando muchas otras ideas: me gustaría hacer un libro de colorear con mis dibujos, no tiene nada de malo un libro de colorear, los libros de colorear son horribles, ¿por qué a la gente le gusta colorear?, a mí  el colorear-de-toda-la-vida me aburre mortalmente, colorear es otra cosa...

Después se me olvidó la cosa. De vez en cuando la idea reaparecía y desaparecía, miraba libros de colorear. Aquello me llevó a los mandalas: esto fue una  buena serendipia. 

Nacer en otras personas. Regeneración. La movilidad incesante de los ciclos.

Hace ya unos meses (quizá un par de años) que los aspectos hormonales de mi cuerpo testimonian mi edad. Ando en la perimenopausia: ese tiempo de extensión imprevisible en el que todos los trastornos relacionados con la menstruación y sus cuestiones aledañas, parecen ser normales. Un tiempo encantador en el que lo normal es lo que no lo es. A veces la regla llega. A veces no. A veces dos veces. A veces parece una regla de mentira. A veces sofocos (para los que las infusiones de salvia me vienen muy bien), a veces ansiedad, a veces no duermo bien durante unos días...y yo estoy feliz todo el rato, a pesar de todo, aún cuando me siento triste sin otra justificación posible que la hormonal. 

Transito por estos cambios consciente de que el cambio es más grande. Es un cambio de energía, de punto de vista, de estado, de valores. Entro en otra fase de mi vida y tengo el barrunto de que me va a gustar. Esta nueva fase ya me gusta a pesar de esta travesía por algunas incomodidades.
Antes de la llegada de este tiempo difuso, el primer embarazo de una de mis amigas más queridas me situó de frente ante la paradoja que es la vida: ella embarazada y yo saliendo amablemente de esa posibilidad. Me hizo pensar, sentir con intensidad la velocidad de la vida y el tiempo de la vida como asuntos independientes de los calendarios. 
Antes de que Tomás naciera, le regalé un libro para que lo lea cuando tenga 16 años, dedicado y todo. Porque el tiempo empieza a parecerme otra cosa que una sucesión de días, de semanas, años.
Fueron naciendo criaturas a mi alrededor (otras habían nacido no hacía mucho tiempo) y cada nacimiento fue importante. Y cada nacimiento traía a la actualidad a todos los anteriores y anunciaba los sucesivos.
Nació Maia, que fue la representación del cambio familiar allí donde yo daba por hecho que nada se movería. Y esta fractura en lo que creí un statu quo, coincidió con un proceso  parecido en otro orden de cosas. Lo llamé: salir del armario del Materialismo Cultural  y le dediqué varias entradas en este blog... Maia nació y trajo en su nombre un universo de señales algunas de las cuales se iluminaron como estrellas fugaces llenas de significados. 
Mientras Sara se decidía a nacer, soñé con un pez pequeño y dorado, un pez que venía desde el fondo de la oscuridad del cosmos. A medida que el pez se acercaba, el paisaje se iba transformando en un luminoso paisaje acuático donde este pez nadaba feliz y contento. Era un fondo precioso con unos colores verdes que reconocí en algunos dibujos que hice después. Quise hacer alguno especial para Sara, pero mis intentos fueron remedos feos y sin sentido, así que lo dejé, pero esos colores acuáticos no me han dejado y están cada vez más presentes en mis dibujos.

Sara me ha devuelto el medio acuático, ese que es tan importante para mí, y que estuvo tan presente durante muchos años de mi vida: tantos dibujos con peces y sirenas. Pero fui explorando otros lugares y dejé de ser tan consciente de esa presencia que Sara me devuelve.
Maia me ha autorizado a seguir relacionándome con el mundo confiando en los términos de mi espíritu:  alma sin doctrinas, ni dogma,  ni ideología concreta.
Tomás me devolvió la adolescencia que no he tenido. Una adolescencia consciente de su rebeldía, consciente de su esfuerzo por adaptarse a la realidad, consciente de su fuerza.

Mi trabajo en los talleres de arte es un privilegio. Veo seres en formación -todo tipo de seres- constantemente. Se alumbran y cada uno de ellos me devuelve a mi propia posibilidad para dibujar, para inventar formas allí donde se me acaban las palabras. Crear figuras que me explican quien soy. Mi trabajo en los talleres, cada dibujo de cada persona, cada trazo, cada brochazo representa mi lugar en el mundo, es mi lugar en el mundo, allí donde me acojo. 
Muchas veces charlo con las personas autoras sobre sus dibujos, pero no saben que esos dibujos forman parte de mis paisajes interiores, que de alguna manera forman parte de aquello que me acoge en este mundo: los aspectos más bonacibles de la creación artística. Por otra parte tengo presente siempre el deseo de que sus trabajos sean vistos fuera de las paredes del taller, fuera del contexto donde son creados. El deseo de que viajen hasta la sociedad y la revuelvan. 
Y así, dejándose llevar por el empuje inconsciente de Maia, con la fuerza de Tomás y la fluidez de Sara,  la sensación se hizo objeto: el Libro de Colorear, arrastrando para sí las formas alumbradas en el taller.


Es muy difícil hablar de cosas irracionales en un texto comprensible, para esto tenemos la poesía. Pero quería homenajear de alguna manera a aquellos sucesos y personas que me influyen y conmueven, hablar de aquello que me mueve a hacer algunas cosas y de cómo son estos movimientos. Porque mis ideas vienen de ahí siempre: de una nada irracional, un torbellino que se alimenta a su modo de los regalos de la Vida a su alrededor.





1 comentario:

Unknown dijo...

Un día de julio, Tomás me preguntaba acerca de la Muerte. (Este es un tema que le inquieta e intriga mucho y sobre el que se para a preguntarnos a menudo, a pesar de tener sólo 4 años). Me preguntaba a ver si yo me iba a morir y me decía que él no quería que yo muriese. Entonces le dije: "Dentro de muchiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo tiempo sí...pero que ahora ni hablar. Estoy aquí contigo, te quiero muuuuuuuuuuuuuuuucho y te voy a seguir cuidando por muuuuuuuuuuucho tiempo".
Él me contestó con fuerza y apenado, "Que no, que no, ama!!!! Que yo no quiero...".

Tras un silencio, me preguntó a ver quién le cuidaría como amatxo si yo me muriese. Yo le pregunté a ver quién podría ser...a ver a él quién se le ocurría...y finalmente me dijo:
"Helena!!! A mí me gusta mucho Helena".

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