miércoles

Elogio de lo que siempre estuvo aquí


"Brillar" es un sinónimo de vivir. Vivir sin disimulos. Vivir lo que se pueda. 

Cuando digo que vivir es brillar,  imagino el paso de la vida como un flujo que corriera por mi cuerpo como por un conductor.  Imagino este fluir como una intensidad tan alta, que a veces parece refulgente,  produciendo cierta luz, cierto brillo.  Es el brillo del júbilo de vivir. 

Después de explorar los "círculos infernales", aquellos laberintos llenos de confusión, llenos de angosturas, malentendidos, nudos y fantasmas, entiendo que soy una experiencia de la vida, un sonido, una canción que lleva mi nombre.
Los nuevos laberintos, nudos, angosturas y fantasmas están iluminados por esa luz y son vehículos para una maravillosa sensación de conexión. Una sensación que hasta ahora permanecía secreta, en la oscuridad, en una secreta y luminosa oscuridad: como un  escondido tesoro rutilante.
Estas sensaciones han estado ahí desde siempre, y sus recuerdos más intensos -aquellos a los que siempre vuelvo como a mi hogar- han estado ahí desde muy niña. Esa es mi casa, allí hundo mis raíces.

No veo contradicción entre ser un cuerpo que supura a un espíritu, y ser un espíritu que se va enredando en un cuerpo a lo largo de la vida. Quizá me gusta más la imagen del azúcar transformada en hilo por acción del calor y del aire, enrollándose en un soporte fundamental pero muchísimo más pequeño que el volumen final de todo ello. 
Me gusta más esta imagen porque me recuerda el hilo que uso para dibujar, la línea. Me recuerda todas las veces que -sin saber lo que hacía, ni a qué me refería- he madejado desde borrones de tinta oscura, hilos que después han sido ovillos de línea para dibujos, para palabras...




Este hilo de la vida ovillado me recuerda también al capullo del que sale la mariposa. Imagino un ovillo de luz palpitante que eclosiona liberando una transformación.

Me siento agradecida a esta fuerza que guía mis decisiones siempre a favor de mis barruntos, siempre ayudándome a encontrar mi lugar, aunque este fuera incómodo o solitario. Una brújula, faro, sónar, sonda, augur. Una extraordinaria combinación de instintos, memoria, conocimiento y olvido que ahora puedo ver con claridad después de viajar por  los "círculos infernales", aquellos laberintos llenos de confusión, llenos de angosturas, malentendidos, nudos y fantasmas. Después de arrancarme "cabezas" y  personalidades, después de desidentificación tras desidentificación...



Después de desmentir los mensajes de mi espejo ...




Un viaje sin garantías, en la incertidumbre, acompañada siempre de un testigo que custodiaba mi deseo en todo momento, trabajando también para buscar el  camino favorable de ese deseo.

Después de todos estos viajes, recibí mi regalo: la vuelta a casa, aquello de lo que nunca me alejé, el origen, mi destino.

Esta es mi sensibilidad: un instrumento con el que nací y que la vida va afinando diariamente al atravesarme con sus flujos. La vida: a veces suave, a veces una calma ingrávida, a veces una corriente brutal que arrastra piedras y cuchillos.
Este es el potente mecanismo natural de precisión que me empuja hacia el detalle, la minuciosidad, el acierto, la claridad. Este es el regalo del que voy tomando consciencia poco a poco. El regalo gracias al cual  puedo brillar.

Este es el regalo que siempre estuvo aquí esperándome.

Es hora de declarar.













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