miércoles

Por las ramas de la sensibilidad II


Hasta hace unas semanas, o quizá mejor dicho -y hablando de ese tiempo que no es cronológico sino un tiempo privado, íntimo, con otra consistencia: nunca sé  cuando la penúltima certeza me va a reventar en la cara. Pensaba que  la creación artística desarrolló en mí cierta sensibilidad, o me ayudó a... Pero quizá me haya equivocado en el orden de los sucesos. El huevo fue antes que la gallina.

En mí, antes que el arte está la sensibilidad: mi sensibilidad. Eso que lo mueve todo anonimamente, o quizá mi sensibilidad sea solo el instrumento de eso que lo mueve todo anonimamente. Como muchas buenas cosas de esta vida, la sensibilidad es un componente tan obvio que pasa desapercibido. Que la sensibilidad pase desapercibida parece un oxímoron, una contradicción. Claro que sí: la convivencia de las contradicciones es el pan mío de cada día.  

Sensibilidad: habilidad, cualidad, facultad para sentir o percibir Mis dibujos son las respuestas a todas esas excitaciones, estímulos y causas que todo mi sistema nervioso capta constantemente en forma tan compleja ( sensaciones, palabras, ideas, emociones...). No me importa si esto se llama arte o no. Tampoco es una necesidad: es una elección. Podía haber elegido la música, o la literatura... Elegí el mundo de las imágenes propias, las creadas por mí con mis propias manos, seguramente para contrapesar, para compensar el enorme efecto que causan en mí las imágenes que percibo (me refiero a las imágenes culturales), que me bombardean y de las que a penas puedo zafarme. Mi órgano es el ojo, mi función es la mirada. Esto está directamente relacionado con otro empuje formidable en mí: la curiosidad. La curiosidad se corresponde a su vez con otra cualidad: el empuje hacia adelante, las ganas de vivir la profundidad de la vida.  En cada dibujo  hago es un esfuerzo por sintonizar con algo me habita y que soy yo, y que muchas veces, siento que me excede. Yo lo llamo la vida en mi. Mi sensibilidad es el camino entre lo que percibo y esa vida en mí, como si esta fuera un agua que se agita, vibra o sencillamente absorbe aquello que viaja por todas las ramificaciones de mi sensibilidad. Cuando dibujo quiero ver frente a mí aquello que se destila o se evapora de aquel agua nutritiva conmovida, porque es ese camino de salida lo que me representa: mi identidad, lo que soy. Creo que no se trata de una expresión, como si  algo que está reprimido, comprimido...y buscara camino hacia el exterior. Es algo que busca representarse, tomar forma. Es algo que existe sin forma y que la adquiere cuando responde.  No son imágenes pensadas, puedo pensar en ello (elaborar mis respuestas a todo lo que sucede a mi alrededor) porque puedo excavar  y conseguir estas imágenes con las que identificar algo de mí en cada momento, pienso a partir de las imágenes, a pesar de que antes de ellas existieran pálpitos, barruntos, intuiciones. Y pienso con la misma estructura con la que se forman las imágenes: en forma concentrada, condensada, con solapamientos, con contradicciones.
Los momentos no se parecen unos a otros, y sus tiempos no se miden en horas o semanas, aunque sus efectos puedan señalarse en un calendario.  Los momentos existen ahí desde el principio, en sus posiciones, que me parecen fijas.  Ahora, en este momento sé que he dejado de pelearme con el mundo entero o que quiero dejar de hacerlo. Solo tengo una vida y no he nacido soldada. Me interesa más la dedicación a esa conexión con la vida en mí, con la vida en ti.

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