miércoles

Núcleos y luchas


Hace unos pocos días tuve un sueño en el que a partir de mi propio cuerpo, generaba un núcleo gigantesco. Un núcleo hecho de núcleos. Núcleo celular, núcleo atómico...Un centro, una médula, una destilación esencial, el corazón, el germen de un ombligo, quizá una entraña central, quizá una semilla. Un núcleo, un comienzo de algo que parece dividirse y dividirse para tomar forma. 
Las tensiones y la violencia de la división, es un proceso imprescindible para alumbrar una forma. Un núcleo hecho de núcleos, división celular que da lugar a la vida y a la forma. El proceso de la fragmentación es la que trae consigo la posibilidad de la unidad, y me pregunto si  el crecimiento de esa unidad -tanto si es objeto como si es experiencia- no seguirá el implacable empuje hacia la fragmentación. Y todo vuelva quizá a comenzar, igualmente pero de otra manera, con otro tinte... Quizá como dos caras de la misma moneda, o más bien: una paradoja que se resuelve constantemente implicando, el crecimiento, fragmentaciones y reagrupamientos sucesivos. Y me da por pensar si no será la  misma Vida esa sucesión de mareas. Y pienso también si no serán estos dibujos algo parecido a las conchas y los restos que quedan en la playa tras las mareas. Conchas y restos de animales que andan vivos por otros lugares,  restos de asuntos que suceden donde no puedo ni imaginar. 

Dibujando como quien busca conchas en la orilla, me encontré este dibujo:



No sé si lo encontré o me encontró él a mí. Como muchas otras veces, me senté a mirar imágenes que me gustan, esperando que: o bien una de ellas llamase especialmente mi atención hasta el punto de dibujarla;  o bien que al cabo de un rato de mirar y mirar, de pronto me ocurriera ese sé qué es lo que voy a dibujar. Cuando eso sucede, una imagen aparece con claridad en mi imaginación. A veces esta claridad es tal que si miro al papel veo el dibujo sobre él, como proyectado, y solo tengo que pasar el rotulador pon encima.  Hace mucho tiempo ya que dibujo con esta línea clara, directamente con el rotulador, sin dibujo previo. A veces puedo conseguir una imagen completa en menos de diez minutos. Esto me resulta enormemente calmante y reconfortante.
Ojeaba libros de mitologías y culturas del mundo -es lo que más me gusta últimamente (y los temas de naturaleza), cada época tiene su tema- cuando me detuve frente a la imagen de una especie de samurai.  Su cara me gustaba. Dibujé todo excepto la espada y la lanza en la que se apoyaba. Quería al samurai, pero tenía que quitarle cierta rigidez y le quité las armas. No sé si lo que pretendí fue desarmarlo, o sustituir sus armas por otras más de mi gusto. Me inclino más por esto segundo. 
Bajo la mano con la que sujetaba el sable contra su rodilla dibujé una especie de zarcillo que me recordaba un látigo, pero que apareció ondulando como si tuviera vida propia: como algo vivo que tomara sus propias decisiones (un animal de la familia de los pulpos o de las estrellas marinas o una planta rara). En el puño de la lanza no supe que poner, así que lo dejé un momento porque la imagen de lo que el samurai tenía en frente venía empujando con fuerza: Una mujer en actitud de lucha. 
Cuando la mujer apareció no tenía guantes de boxeo. Me pareció que sus manos se veían poco, sus puños no parecían estar amenazando demasiado, así que le puse unos guantes, negros como borrones. Le puse unos guantes y el fluir de la imagen continuó. Ya sabía lo que el samurai tenía en la otra mano: una rosa azul gigante. Terminé y  me quedé mirando el dibujo. 
A veces, muchas veces, quedo mirando un dibujo después de haberlo hecho, apaciguada y satisfecha, y lo que recibo es un barrunto vago de aquello que antes era una inquietud, y que ahora está atrapado en el papel, como si lo hubiera cazado, una auténtica captura. Otras veces, la imagen capturada arrastra a mi conciencia otras que no recordaba. 
Me quedé mirando el dibujo y recordé un aluvión de sueños de los días anteriores que hasta entonces -ni durante la noche, ni al despertar - había recordado. Recordé de forma vaga y confusa,  recordé discusiones,y peleas en esos sueños. Solamente recordé un detalle de uno de ellos: un par de guantes negros que alguien buscaba y no encontraba. 
Aún bajo la influencia del enigma, recordé que esa era  la rosa azul del pensar, una flor que yo le pedía a alguien en otro sueño (un sueño de hace años). Hay un cuento chino de amor que explica cómo la rosa azul es una flor imposible que solo existe cuando una misma quiere verla. Mi enigmático símbolo   la rosa azul del pensar siempre  me ha apuntado esa dirección. La voluntad de poder pensar sobre aquello que no puedo ver -aquello que queda fuera de mi alcance- puede ser una de las lecturas posibles.
Los recuerdos que arrastró el dibujo, las sensaciones de inquietud y de ansiedad me recordaron a su vez que hace días ya que me sentía revuelta y ansiosa, sin mucha paz en el dormir...Y me fui a dormir.
Esta mañana he despertado recordando tres sueños. El último sueño era nuevamente una pelea y venía precedido -a modo de introducción-  por la imagen de una lechuza. Me pregunto si se tratará de la lechuza de Atenea: el pensamiento que se desarrolla incluso en la oscuridad, allí donde no se ve.

Sueño con peleas y con luchas cuerpo a cuerpo y pienso que hay también algo de baile en la lucha. Recuerdo a los luchadores de sumo, o en la lucha canaria. Son luchas en las que no se hiere -desarmadas- , se busca desequilibrar al contrario, romper un equilibrio, acabar con la homeostasis. 

Me pregunto si mis ideas y barruntos serán como luchadores en torneo. Y también me pregunto si este pobre yo que me asiste estará a la altura de estos combates. 



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