jueves

Libros, habitaciones: un solo espacio, un solo tiempo.




Sigo con los libros y minilibros. Sigo recortando dibujos y letras. Buscando entre las frases dichas y las palabras ya impresas, usándolas como si fueran baldosas por las que voy saltando: la única superfície sólida, cristalizada, en medio de una oscuridad fértil que huele al humus del caos.



Estos planos que se abren hacia el espacio, cortándolo, haciéndolo discontinuo. Haciendo que posibles argumentos y narraciones avancen en todas las direcciones, no solo en  una narración longitudinal y cronológica.


Creo que podría tratarse de un solo libro gigantesco que voy escribiendo y dibujando en entregas. La comunidad y la coherencia de lo que hago en pequeño tamaño, con lo que ideo para tamaños mayores es muy llamativa


Los pliegues de los libros podrían ser tabiques y los tabiques podrían ser las páginas de uno de estos libros.




Hace mucho tiempo que sé que lo que hago es una representación de  un modo de operar.  A veces ofrece unas imágenes, a veces este modo de operar ofrece otras imágenes. Es decir: traigo a la forma una experiencia, no un relato.  Habito espacios que no puedo ver por completo, de una sola vez. Solo tengo acceso a fragmentos inconexos de un todo mucho mayor que presiento, pero que no puedo abarcar con la mirada, ni con mi sensibilidad al completo. Compongo los fragmentos. Son trozos de relatos separados, independientes, habitantes de la misma oscuridad a diferentes profundidades. La participación de lo ajeno entre estos fragmentos me calma, calma mi empeño en ser precisa al transmitir esta experiencia, porque siento que la mayor parte de lo que hay en ese lugar no soy yo, y sin embargo: mi testimonio es único y solo  puedo sumergirme en esta experiencia en un estado de subjetividad radical, fervorosa, obcecada. Una testaruda búsqueda de libertad absoluta. Y me pregunto ¿qué será este afán?.  Y me pregunto ¿y realmente me importa eso? Creo que es la Vida, que me atraviesa.


Dibujo, compongo, recorto, escribo, pinto, borro, añado... Es un método para adivinar, son mis augures: combinaciones de imágenes que me abren paso hacia la lógica de los significados, mucho antes de que exista siquiera un ligero apunte verbal. A veces pienso que tiro el cubo demasiado a lo hondo. Pienso esto cuando saco cosas que no me gustan, aunque lo desagradable, lo enlodado, tiene su punto y también acarrea filones.  Pero quizá no es la profundidad la cuestión, sino la dirección. La dirección en la que pueda orientar mis barruntos. Esto lo hago de maneras muy toscas: repitiéndome una idea (o una sola palabra) mientras trabajo, como si me agarrara a una cuerda. Así puedo sintonizar en una frecuencia específica y concentrarme un poco en medio de ese todo fabuloso. Pero finalmente siempre hago según  su voluntad. Me lleva. Y me doy cuenta de que ni siquiera tengo cubo, ni decido tirar nada, ni dónde buscar. Solo dejarme llevar por eso, y disfrutarlo, observarlo, pensar sobre ello.

Se parece a un método adivinatorio: una manera de inferir. La experiencia de concebir algo que en ese instante -en el instante en el que la atención lo señala-  toma forma. La forma ya puede acercarse al lenguaje, si no es forma ya porque el lenguaje ha podido tantearla un poco.
Decía Lacan que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. No se puede extrapolar esta afirmación mas allá de la clínica lacaniana. La estructura del inconsciente se nos escapa. Imagino más bien al artista como un ser que filtra ese  continuum  en el que vivimos sumergidas. Un solo espacio, un solo tiempo,






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