jueves

Los fantasmas de las corrientes. Cuento tercero.

La oscuridad de su resentimiento se parece al carbón de algo quemado. Su resentimiento se parece a ese fuego que avanza escondido bajo la tierra,  arrasando a su paso, haciéndose visible de vez en cuando en forma de llama que incendia con furor. Llamas de ira.
Su resentimiento se arrastra permanentemente bajo la piel de sus emociones, abriendo heridas nuevas, hasta que toda el alma queda envuelta en una gran herida que la  persistente circulación de su resentimiento reabre y reabre sin cesar.
Su resentimiento es peor que su odio. Es un odio de baja intensidad, algo que parece no estar, algo que puede negarse y seguir viviendo en el disimulo. Su resentimiento es la pantalla que oculta el objeto de su odio, y la consume, la consume mientras el destino real de su odio escapa. Porque su resentimiento la une eternamente a aquello que no pudo ser, a quien la traicionó, a la fantasía que no se cumplió, a quien quiso y no la quiso, a la esperanza que se desplomó sobre su cabeza, a una culpa que nunca fue suya...ni de nadie.
Su resentimiento es un malentendido que parte desde su alma, donde están sus raíces. Desde allí crece en ríos subterráneos de dolor, ríos cada vez más caudalosos que la apartan de su alma...quizá para siempre. Ella navega por esos ríos de su resentimiento, devorando sus propias entrañas: las revuelve y pisotea, las devasta. Porque no puede hacer eso con el objeto de su odio, porque -¡oh, gran conmoción ! - lo ama aún.
La oscuridad de su resentimiento es la de la nada fría e incandescente de su autodestrucción. Prefiere una existencia amarga antes que situar ese amargor en la verdad. Se vuelve irascible, irritable y hay cosas de las que no puede hablar sin que la llama del odio flambee en incendios colosales. Y es la luz de estos incendios la que guía la andadura intersticial de su resentimiento. Y con el tiempo su quemadura moral se hace más y más profunda, hasta dejarla sorda, ciega y finalmente muda. Así llega su resentimiento a culminar su misión: una persona encerrada en un dolor que ella misma ya no puede comprender. Un dolor sin bálsamo posible, porque se busca a sí mismo. Y entonces: se acabó la vida, aunque ella siga viva: una sombra quemada.

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(El resentimiento es una emoción feroz que arrastra a algunas personas hasta las cumbres espirituales más elevadas del cinismo. Es como plantar huertas y destruirlas porque no tenemos dientes para comer esas hortalizas... Sin embargo la cura puede ser instantánea: basta con seguir al resentimiento hasta su raíz y preguntar allí a nuestra alma sobre el objeto de su amor. Entonces solo habremos de compadecernos y dejar marchar lo que no fue, lo que fue mal, Y ese dulce "dejar marchar" abrirá paso a la Vida en nuestra vida haciéndola reverdecer también en el pasado...)

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