martes

Se acercan, entre la bruma, salen a mi encuentro


Hoy, al levantarme temprano, he podido pasear entre una niebla muy espesa.  Pensando en nuevos proyectos, he cogido mi cámara y me he ido a hacer experimentos. No soy fotógrafa, ni reivindico en absoluto que las imágenes que tomo tengan valor artístico. Sin embargo, la cámara suele servirme para entrar en contacto con aquello que busco, o mejor dicho: me sirve para entrar en contacto con aquello que invoco.

He pasado unas semanas bastante desconcertada: no era el arte el punto central de mi interés. El arte no es el principio y el final de todas las cosas, de todas mis cosas. Durante unas semanas he estado en suspensión, en una especie de vacío, en una especie de vertiginosa caída estática. No es el arte. Estudié Artes y Oficios, después Bellas Artes, después me hice arteterapeuta. La imaginación y el alma. Es el alma de las cosas lo que me interesa: el corazón, lo oculto que se manifiesta en las imágenes, las conexiones profundas que me unen a las personas, a los sucesos, a la naturaleza. Me he dado cuenta estos días de que este es mi interés verdadero y mi camino, desde que puedo recordar. Aquello que se asoma al umbral de la sensibilidad y a penas puede ser "retratado" en un instante. Instantes que cambian la dirección del tiempo hacia su cualidad, hacia una profundidad desconocida.

Durante los últimos treinta años de mi vida he estudiado para desmentirme, para poner en crisis mis visiones, mis fantasías, mis barruntos. He estudiado para amaestrar el salvajismo de aquello que viene a mí, aquello que porto conmigo, que me acompaña, que me vive. He clavado los codos en la mesa durante años recorriendo los mapas más materialistas, estudiando, investigando  caminos  racionalistas e ideas  científicas sobre la necesidad y el origen de la creación artística. Acallando -a menudo dolorosamente- un empuje brutal en otras direcciones. Durante los últimos treinta años he dibujado, pintado e inventado a medias, desmintiéndome, reorientando constantemente mi interés hacia la actualidad de las cosas, metida en la contemporaneidad de la cultura  hasta la cintura, dibujando en su contra (para protegerme de su voracidad), sintiéndome bajo la obligación moral de permanecer ahí:triturando piedras a la luz de lo conocido.

Hace algunos años que comencé el viaje de retorno a casa. Y desde hace unos meses sé que ya he llegado, ya estoy aquí. Siempre fui la que marchó. Como el Universo: siempre estuve aquí. Recupero mis lecturas, las lecturas que dejé en suspensión cuando partí para cerciorarme de que los otros caminos no eran los míos. Recupero el fuego que siempre llevé conmigo. Me reciben mis perros, mis gigantes, mis dioses y otros seres extraordinarios que vuelven a susurrar a mi alrededor. La noche me canta como siempre. Miro en los espejos que son los charcos oscuros. Miro en las pupilas. He aprendido mucho. He aprendido tanto que ya puedo seguir, tranquila, haciendo preguntas a los oráculos, a los árboles, a mis sueños y a quienes salen a mi encuentro desde la bruma.

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